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Cuando China cambia, todo cambia

La demanda de recursos del gigante asiático es la segunda más grande del mundo, tras la de EEUU. Aunque todavía basada en combustibles de origen fósil, su economía ha comenzado a transitar hacia fuentes más limpias de energía, un viraje radical que transformará no sólo a ese país sino al mundo entero

Por Redacción, con información de la Agencia Internacional de Energía (IEA)

La electricidad es la potencia creciente entre los usos finales de la energía en todo el mundo, representando el 40 por ciento del aumento del consumo para 2040, la misma proporción de crecimiento que alcanzó el petróleo durante los últimos veinticinco años, así lo señala el resumen ejecutivo del World Energy Outlook 2017, documento publicado por la Agencia Internacional de Energía (IEA).

En un escenario de nuevas políticas planteado por la Agencia, en general, los países en desarrollo de Asia representan dos tercios del crecimiento energético mundial y el resto proviene principalmente de Oriente Medio, África y Latinoamérica. En contraste, las renovables capturarían dos tercios de las inversiones mundiales en centrales eléctricas; esto, para muchos países, se convertiría en la fuente de generación nueva más económica.

Según el reporte, el crecimiento de la solar fotovoltaica (FV), liderada por China e India, ayudaría a este tipo de tecnología a convertirse en la mayor fuente de energía, en cuanto a capacidad instalada de bajas emisiones de CO2 para 2040, fecha en que la proporción de todas las renovables en la generación total de electricidad alcanzará el 40 por ciento.

La magnitud de las futuras necesidades de electricidad y el reto de eliminar las emisiones de CO2 en el suministro explican por qué la inversión mundial en infraestructura eléctrica rebasó la inversión en petróleo y gas por primera vez, en 2016, y por qué la seguridad energética está claramente escalando puestos entre las prioridades políticas.

Como se enuncia en el World Energy Outlook (WEO) 2017 de la IEA, para satisfacer sus demandas crecientes, China necesitará añadir el equivalente del sistema eléctrico actual de Estados Unidos a su infraestructura de electricidad de aquí a 2040. Este país asiático está entrando en una nueva fase de su desarrollo en materia de políticas energéticas, donde apuesta firmemente por la electricidad, el gas natural y tecnologías más limpias, de alta eficiencia y digitales.

La orientación previa hacia la industria pesada, el desarrollo de infraestructuras y la exportación de productos manufacturados sacó de la pobreza –incluida la energética– a cientos de millones de personas, pero dejó a China con un sistema energético dominado por el carbón y un legado de graves problemas medioambientales, ocasionando casi 2 millones de muertes prematuras al año debido a la mala calidad del aire.

Por ello, se hizo un llamado a favor de una “revolución energética”, la “lucha contra la contaminación” y la transición hacia un modelo económico basado en los servicios, que ha orientado al sector de la energía hacia una nueva dirección.

Sin embargo, como da a conocer la IEA, para 2040 el consumo energético per cápita en China sobrepasará al de la Unión Europea y las decisiones de esta nación asiática tendrán un papel clave a la hora de determinar las tendencias mundiales, con la posibilidad de desencadenar una transición más rápida hacia las fuentes limpias.

La magnitud de las exportaciones de tecnología y de las inversiones en el exterior podría constituir un factor de primer orden en el impulso hacia la transición a bajas emisiones de CO2. En el escenario de nuevas políticas planteado en el resumen ejecutivo del WEO-2017, un tercio de la energía eólica y solar FV estaría instalada en el país asiático y éste representaría, además, más de 40 por ciento de la inversión mundial en vehículos eléctricos.

Se estima que China supere a EEUU como mayor consumidor de petróleo, con importaciones netas de 13 millones de barriles diarios de petróleo (mbdp) proyectadas para 2040. Pero las estrictas medidas sobre eficiencia de combustibles para coches y camiones, así como la transición hacia los vehículos eléctricos en esta década, significarían que China ya no sería el principal motor del consumo global de petróleo, aunque los consumidores mundiales no están aún en condiciones de decir adiós a la era de ese hidrocarburo.

De otro modo, sentencia la IEA, en un mundo de bajos precios del petróleo, existen pocos incentivos económicos para usarlo de manera más eficiente u optar por otras fuentes; un indicador preocupante para el futuro equilibrio del mercado, generando un riesgo sustancial de escasez de nuevo suministro en la década de 2020.

Sin embargo, la atención política a la calidad del aire va en aumento y las emisiones mundiales de todos los principales contaminantes disminuyen en estas previsiones, pero sus impactos en la salud siguen siendo graves en el escenario de nuevas políticas para 2040. Lo anterior a pesar de que las tecnologías de control de la contaminación se apliquen ampliamente y se eviten otras emisiones, debido a un suministro más eficiente de los servicios energéticos o (como en el caso de las energías eólica y solar) sin combustión.

En China, se prevé que las emisiones de CO2 se estanquen en 9.2 gigatoneladas para 2030 antes de empezar a retroceder, un nivel ligeramente superior al actual; mientras que las emisiones mundiales del sector eléctrico se limitarían a un aumento de cinco por ciento de aquí a 2040, pese a que la demanda de electricidad aumentará en 60 por ciento y el PIB mundial en un 125 por ciento.

En conclusión, las inversiones guiadas por nuevas políticas son capaces de escribir una historia distinta acerca del futuro, en el que los cambios a gran escala en la energía mundial que caracterizan las previsiones en el WEO-2017 también entrañan una reconfiguración de las perspectivas de las inversiones energéticas. No obstante, la inversión en exploración y producción de petróleo y gas sigue siendo un componente clave de un sistema energético seguro, incluso en un escenario encaminado al desarrollo sostenible.

Por ello, concluye la IEA, “junto con una proliferación de iniciativas por parte del sector privado, municipios y diversas comunidades, la existencia de políticas bien diseñadas seguirá siendo una condición clave para lograr un futuro energético más brillante”.

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