Transición energética en Latinoamérica

Como el resto del mundo, la región se encuentra inmersa en un cambio de paradigma energético, basado en la eclosión de las tecnologías renovables. El objetivo: erigir economías menos dependientes de los combustibles fósiles y con una huella ecológica mínima

Por Alfonso Blanco Bonilla

La transición energética es un concepto que se ha extendido y que consiste en la adopción de un modelo de desarrollo sostenible, de bajo contenido de carbono, a partir de una mayor eficiencia energética y la utilización de fuentes renovables.

En virtud del discurso políticamente correcto, se trata de un modelo sin grietas conceptuales; sin embargo, debemos analizar objetivamente la capacidad que tiene nuestra región de lograr esta visión general que deriva del concepto.

Nos encontramos en una región que en promedio posee la mayor participación de tecnologías renovables en su matriz energética respecto al resto del mundo. Esto se debe a dos factores principales, en primer lugar, la muy elevada participación de la biomasa que aún representa entorno a 16 por ciento de la matriz de energía primaria (Olade, 2017) y, en segundo lugar, un alto aprovechamiento del recurso hidroeléctrico, el cual representa ocho por ciento de la energía primaria, muy por encima de la media global.

Así, en promedio, Latinoamérica y el Caribe (LAC) poseen un índice de renovabilidad respecto a la energía primaria de 27 por ciento (Olade, 2017). Aunque debemos destacar que, si consideramos subregiones, estos promedios difieren considerablemente.

Para ejemplificar esta asimetría regional, mientras tenemos países que han logrado superar 95 por ciento de participación de fuentes renovables en su matriz de generación de electricidad, Costa Rica (98.2 por ciento), Paraguay (99.9 por ciento) y Uruguay (96.7 por ciento), hay otros países con indicadores muy inferiores (Olade, 2017).

Si centramos el análisis en la incorporación de algunas de las energías renovables no convencionales (eólica, solar y geotermia), el desarrollo de estas fuentes se ha producido a diferentes ritmos y de forma asimétrica a lo largo de los países de nuestra región. Esta penetración ha estado fuertemente condicionada por la dotación de recursos de los países, la estructura interna de costos del sistema energético y el marco de políticas e institucionalidad que permite o promueve el desarrollo de proyectos de infraestructura energética.

Se observa que la penetración de las renovables no convencionales en los países que han logrado mejores resultados se ha dado bajo mecanismos de mercado, que integran la generación de manera costo-eficiente, sin la necesidad de subsidios para la incorporación de nuevas tecnologías. La energía eólica y la solar han logrado competir de forma directa en precio con la generación fósil de menor costo, esto se constituye en una fortaleza para el subsector de energías renovables en LAC.

No obstante, en un mundo que se caracteriza por una creciente tendencia a la polarización, la caída del discurso de corrección política ante corrientes que se sustentan en un nacionalismo pragmático y antisistema, los extremos tienden a separarse y fanatizar la discusión, observándose la carencia de espacios de diálogo para lograr soluciones acordes; de hecho, el propósito de este texto es presentar un análisis que permita acercar estas posibles visiones polarizadas en el marco del sector energético de la región.

Turbinas eólicas en la región de Coquimbo, Chile

Los fósiles

Existen muchas naciones que dependen esencialmente del petróleo y demás combustibles fósiles como su principal fuente de ingresos. En consecuencia, no es ilógico que se identifique en las renovables como un potencial competidor que pone en riesgo el futuro del sector y, por ende, ponga en riesgo sus economías.

Asimismo, existen países importadores de petróleo, gas o carbón mineral, que presentan una carga muy elevada asociada a la salida de divisas que demanda una economía concentrada en fuentes fósiles, por lo cual tampoco resulta ilógico que estas economías busquen como modelo de desarrollo reducir la dependencia interna al petróleo y desarrollar sistemas energéticos autárquicos.

Ni blanco ni mucho menos negro

Pero no todo es blanco o negro, el aprovechamiento de fuentes fósiles y un modelo basado en el desarrollo de la dotación de recursos propios no necesariamente es excluyente a la incorporación de fuentes renovables y de eficiencia, para así alinearse con un concepto más amplio de transición energética.

Las tecnologías renovables pueden representar una mayor eficiencia del sistema energético, que permite extender el horizonte temporal de aprovechamiento de los recursos fósiles y lograr mejores condiciones de monetización respecto a su utilización en un mercado interno de precios deprimidos o subsidiados. Además, la transición a un modelo que migra de compañías petroleras a empresas energéticas que integran una cartera de negocios más amplia y diversificada es una estrategia factible y recomendable. No es casual que grandes conglomerados de gas y petróleo estén transitando hacia esta migración, buscando responder a las expectativas de consumidores que presentan una mayor conciencia medioambiental.

Tampoco es concebible en el corto y mediano plazo un modelo que excluya a los hidrocarburos sin que esto represente un sobrecosto para la sociedad en su conjunto.

Por un lado, los combustibles fósiles aportan el respaldo que las fuentes intermitentes de energía requieren, aun cuando se hayan producido notorios avances en soluciones que permitan disponer de recursos firmes no fósiles, la necesidad de éste a partir de hidrocarburos en la generación eléctrica se mantendrá por un tiempo prolongado.

Transporte, hambriento de energía

También debemos tener conciencia de la poca elasticidad del consumo energético del sector transporte (en muchos casos el principal sector de consumo que representa un 38 por ciento del uso de la energía final en LAC), en relación con los hidrocarburos.

Aunque se celebran los grandes avances en materia de movilidad eléctrica individual, los segmentos de mayor incidencia en el consumo de combustibles fósiles en transporte no han logrado la dinámica necesaria para la sustitución de fuente.

Planta geotérmica Los Azufres, en Michoacán, México

Tecnología y economías emergentes

De acuerdo con lo anterior, los sobrecostos asociados a la incorporación temprana de nueva tecnología, ya sea a nivel de fuentes o usos por parte de las economías emergentes pueden llegar a ser elevados. Es posible que éstos sean absorbidos por mecanismos de incentivo y subsidios de las economías que anidan a los desarrolladores, pero para quienes son estrictamente demandantes de tecnologías, la adopción temprana bajo esquemas que no resulten costo-eficiente representa cubrir los precios de la curva de aprendizaje del desarrollador. Por ejemplo, si en LAC entre 2003 y 2008, se hubiera incorporado generación fotovoltaica con esquemas subsidiados al costo nivelado de la tecnología en ese período, el sobreprecio pagado por el sistema respecto a los valores de la actualidad sería del orden de tres veces.

La postura

De lo anterior surgen aspectos que son la base del tomador de decisiones en materia de política energética. Para nosotros resulta claro, la decisión para LAC no se encuentra en los extremos. Nos encontramos en una región que aún no ha logrado satisfacer sus necesidades básicas, habitamos una de las regiones del mundo más desiguales y asimétricas, con aproximadamente 20 millones de personas que no tienen acceso a la energía.

Una economía libre de carbono es claramente un ideal, un modelo de planeta futuro que queremos dejar a nuestra descendencia. Sin embargo, nuestra región también padece las externalidades negativas de un desarrollo histórico industrial que no incluyó a todos, y que hoy está socializando su costo a los responsables.

Buscar desplazar o aplazar la explotación de una dotación de recursos que son la base de la economía de muchos países de la región puede representar suspender el derecho genuino de cubrir las necesidades básicas de muchos de sus habitantes, así como de las generaciones futuras. Una adopción tecnológica temprana, además, es posible que represente sobrecostos que desplacen otros objetivos primarios como la universalidad de acceso y un acceso asequible a la energía por parte de la población.

De ahí que el camino de muchos de los países de LAC que se han comprometido profundamente a una descarbonización de su economía, adoptando el concepto de transición energética como base de su política de largo plazo, pero bajo un cuidadoso criterio de costo eficiencia, que atienda las implicancias sociales, resulta el camino recomendado para nuestra región.

También debemos impulsar a las economías productoras de petróleo a hacer más eficientes sus sistemas, transitar gradualmente un camino de descarbonización de sus economías internas y reducir las distorsiones de precio que atentan contra la eficiencia en la asignación de recursos, permitiendo una mejor monetización de sus reservas, a fin de lograr un mayor bienestar de toda su población.

Así que la respuesta es complementariedad, planificación y un modelo de desarrollo sostenible propio, con visión de largo plazo, bajo una estricta soberanía, pero aprovechando las oportunidades que nos brinda la integración regional, respondiendo siempre al interés de la población y su desarrollo.

Figura 1. Indicadores económicos, energéticos y ambientales de México

En línea con lo expuesto, sobre un concepto más amplio y profundo de transición energética, en junio de 2018, durante la Cumbre del G20 desarrollada en la República Argentina, los ministros de Energía del grupo discutieron acerca del abordaje propuesto por la presidencia pro tempore de Argentina para las “transiciones energéticas”.

En el enfoque, se admite que existen diferentes caminos nacionales posibles para lograr sistemas de energía más limpios, mientras se promueve la sostenibilidad, la resiliencia y la seguridad energética. Los gobiernos coincidieron en afirmar el compromiso de los miembros del grupo en las transiciones energéticas hacia sistemas más limpios, flexibles y transparentes, pero asumiendo que cada país cuenta, de acuerdo con su etapa de desarrollo, con un sistema de energía único y diverso como punto de partida, con diferentes recursos energéticos, dinámicas de demanda, tecnologías, stock de capital, geografías y culturas.

En la figura 2, se muestra en forma resumida la estructura del Balance Energético de México. Esta gráfica, denominada diagrama de Sankey, representa los flujos energéticos del país desde la producción y oferta de las diversas fuentes primarias de energía, siguiendo los procesos de transformación y llegando hasta el consumo final de energía insumida por los diversos sectores de la economía. El ancho de los flujos da cuenta de las proporciones relativas de la producción y utilización (consumo) de las diversas fuentes.

Figura2. Representación esquemática del Balance de Energía en México (2016)

Como se observa en la figura 2 y 3, el consumo total de energía en México se concentra en los sectores transporte, industrial y residencial, principalmente, representando en conjunto 90 por ciento del total. Asimismo, en la representación de la matriz por fuentes de energía, predominan los hidrocarburos (petrolíferos y gas natural), con 72 por ciento del total.

Figura 3. Estructura del consumo final de energía en México

La matriz eléctrica de México está altamente gasificada, tanto en capacidad instalada como en lo que respecta a la generación de electricidad. Como se observa en la figura 4, 41 por ciento de la capacidad instalada y 54 por ciento de la generación eléctrica corresponden a centrales de gas natural.

Figura 4. Estructura de la generación eléctrica en México

Las fuentes de energía renovable incluyendo a la energía hidroeléctrica, participan tan sólo con 18 por ciento en lo referente a la generación de electricidad.

Por otro lado, México es uno de los pocos países de la región de América Latina y el Caribe, que aprovecha el recurso geotérmico para producción de electricidad.

Respecto de la matriz de oferta total de energía, se observa en la figura 5 que la participación del gas natural prácticamente iguala a la del petróleo crudo y sus derivados. La participación de las fuentes renovables se relega a 8 por ciento, donde la energía hidroeléctrica aporta solamente el 1 por ciento de la oferta total.

Figura 5. Estructura de la oferta total de energía en México

México posee una tasa de electrificación cercana al 99 por ciento de la población. A pesar de ello, la relación entre el consumo residencial de leña y carbón vegetal, respecto del consumo final del sector residencial, es cercano al 33 por ciento.

En 2013, se promulgó la Reforma Energética en México, cuya finalidad fue la de promover el desarrollo de la industria petrolera y del sistema eléctrico nacional sobre la base de principios técnicos y económicos, y bajo la conducción y regulación del Estado. Entre sus principales objetivos, se destacan el promover la reducción de los costos de la factura de electricidad y gas natural, el aumento de la inversión y el empleo, el fortalecimiento de Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), brindándoles mayores márgenes de libertad con el fin de que se modernicen y mejoren sus resultados; asimismo, se buscó reforzar la rectoría del Estado como propietario del petróleo y gas, y como regulador de la industria petrolera.

Alfonso Blanco Bonilla
Secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade).

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