Cambio climaticoEficiencia Energética

No hace falta morir para rescatar al planeta

Cambios drásticos y trascendentes es lo que se necesita para sanear al planeta. ONGs, universidades, empresas en todo el mundo y ciudades enteras están tomando cartas en el asunto y se han inscrito en la carrera por la eficiencia energética, la más importante para el futuro.

Por  Andrea Rivera.

No se trata de cortar cabezas sin el menor respeto por la vida humana, sino de esforzarse por ordenar el crecimiento de los pueblos.

El famoso demógrafo británico, Thomas Malthus (1766-1834), autor del libro, Ensayo sobre el principio de la población, sostiene que las guerras y las enfermedades son, de alguna  u otra manera, necesarias, porque las muertes derivadas ayudan a equilibrar el crecimiento demográfico, en todo momento a punta de lanza contra el de los recursos naturales.

El argumento de cualquier información relativa al tema eficiencia energética se fundamenta siempre en la excesiva urbanización del planeta. La población humana ha crecido demasiado, sin percatarse de una curiosa paradoja, una mala interpretación quizá del propio inconsciente: emulando a su materia gris, el Homo sapiens ha ido convirtiendo al planeta en una especie de gigantesco cerebro grisáceo que parece devorar su propia esencia, que para nada tiene ese color.

No hace falta cumplir con el pensamiento teórico de Malthus: desaparecer parte de la especie humana para mejorar la salud del planeta; sin embargo, algo de sabio resuena en su proposición. El pensador no se refería propiamente a cortar cabezas sin el menor sentido de respeto por la vida humana, sino a esforzarse por ordenar el crecimiento de los pueblos y equipararlo al de los ecosistemas. Su idea era vivir de la manera más coherente y racionada posible. ¿Lo hemos logrado?

A dos siglos de la tesis malthusiana, la salud del planeta empeora y el crecimiento demográfico no cesa. La fórmula devastadora: “más crecimiento, más consumo” –justo lo que él deseaba evitar–, parece no tener fin. De los 7 mil millones de habitantes en la Tierra, se estima que aumente a 8.3 mil millones en el 2030. Dicho crecimiento ocasionaría en sólo veinte años que la demanda energética mundial se incrementara 53 por ciento y las emisiones de CO2 superaran 55 por ciento a las actuales.

De acuerdo con la información de la Agencia de Protección Ambiental de Buenos Aires, Argentina, “el cemento altera los ciclos del aire y del agua, provoca que en las zonas urbanas densamente construidas se generen islas de calor, lo acumulan y luego lo irradian en la noche. La isla de calor es directamente proporcional al tamaño de las ciudades”.

En Canadá, el Consejo de Investigación Nacional reportó que los techos verdes reducen 75 por ciento el promedio de energía utilizado en una casa de 400 metros cuadrados. Por su parte, la Agencia Ambiental de Canadá concluyó que si se plantaran más de 6.5 millones de metros cuadrados de terrazas verdes en Toronto, se podría reducir la temperatura del aire entre uno y dos grados Celsius durante el verano.

Las terrazas verdes enfrían el aire y se convierten en un mecanismo eficiente para combatir las islas de calor; reducen los niveles de dióxido de carbono, contribuyen a mejorar la calidad del aire, absorben buena parte de la lluvia, capturan y fijan partículas contaminantes suspendidas en el aire (plomo), y ahorran energía, pues limitan el uso de calefacción y aire acondicionado.

En las ciudades colombianas de Medellín y Bogotá, los actuales proyectos de construcción incluyen el criterio medioambiental. Varios de sus nuevos edificios están planeados con azoteas verdes para siembra de hortalizas y verduras de autoconsumo. Nueva Delhi, capital de la India, se ha propuesto convertirse en la ciudad más verde del mundo.

La (r)evolución energética
Parece ser que 2030 es el año de las promesas, la meta establecida por la mayoría de países para empezar a apreciar verdaderas transformaciones en pro del planeta. En el informe “La [r]evolución energética”, presentado en septiembre de 2010 por Greenpeace y el Consejo Europeo de Energías Renovables, se establece como punto central “cambiar el modo en que producimos, distribuimos y consumimos la energía”.

Tal cambio se centra en cinco disposiciones: implementar soluciones renovables mediante la descentralización de los sistemas energéticos; respetar los límites naturales del medioambiente; eliminar progresivamente las fuentes de energía sucia e insostenible; promover la equidad en el uso de los recursos, y desligar el crecimiento económico del consumo de combustibles fósiles.

Greenpeace anunció a finales de 2008 los siguientes objetivos: tener en el año 2050 entre 51 y 61 por ciento menos emisiones de CO2, que las generadas en 1990; en 2075, 80 por ciento menos que las emitidas en 1990. Para electricidad mundial, sustituir con parques eólicos la electricidad de 450 térmicas de carbón en 2020; contar con 50 por ciento de renovables y abandono nuclear en 2050; tener 100 por ciento renovables antes de concluir este siglo.

En lo que se refiere concretamente a eficiencia energética, conseguir en 2020 un ahorro mundial superior a la cantidad del consumo actual de energía de Europa occidental; para 2050, reducción de la demanda mundial a casi la mitad. En el rubro de transporte, el uso de petróleo en vehículos se sustituye completamente por eléctricos, entre 2050 y 2085. Con la tecnología actual, las renovables podrían suministrar casi seis veces la demanda energética mundial.

La estrategia ya existe, las cifras también. ¿Cómo lograrlo? Algunos consejos de la compañía Basf, sobre eficiencia energética, se centran principalmente en los rubros industrial, vehicular y doméstico. Dentro de los procesos industriales, sugiere aprovechar el reciclaje de materiales y materias primas, y reciclar, a su vez, los residuos industriales. De esta manera, se podrá reducir el consumo de la industria.

Optimizar los vehículos
La energía requerida para conducir se quema rápidamente porque algunos vehículos son demasiado pesados. Una solución es emplear plásticos ligeros en vez de piezas de metal pesadas, optimizar motores y combustibles para aumentar las prestaciones, optar por una mejor aerodinámica; así, disminuirá la energía a la hora de imprimir potencia a los automóviles.

Optimizar el aislamiento de las viviendas
De igual forma, la energía utilizada para enfriar o calentar el interior de las casas muchas veces se pierde de manera muy rápida. Instalar aislamientos supereficientes, con yeso especial para paredes y techos (revocado especial), además de ventanas isotérmicas, contribuirá a minimizar el consumo energético.

Ahorrar energía para ganar dinero
También se vale. En ese ánimo, las universidades estadounidenses de Harvard, Stanford y Arizona State, en colaboración con las organizaciones sin fines de lucro, The David Rockefeller Fund y Wallace Global Fund, han unido esfuerzos para emprender el proyecto de inversiones verdes Billion Dollar Green Challenge, con el que pretenden invertir mil millones de dólares para financiar proyectos que contribuyan a la eficiencia energética.

Los responsables de esta iniciativa han señalado que la idea es desarrollar fondos similares a los microcréditos que ya han funcionado con gran éxito en otros países; sobre todo, que las instituciones universitarias reduzcan sus emisiones de CO2 y generen empleo verde en su ciudad sede. El Consejo Asesor está formado por 34 expertos que brindarán asesoría sobre ahorro energético, asistencia técnica operativa, y proporcionarán herramientas para la gestión y utilización de fondos.

A pesar del esfuerzo, más allá de la generosa posibilidad de emprender negocios prósperos mediante la “comercialización” de la eficiencia energética, es preciso participar en esta transición con cambio de mentalidad y nuevas costumbres; con más inteligencia en el uso de los recursos naturales.

En México, el director general de la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (CONUEE), Emiliano Pedraza, lo visualiza de la siguiente manera: “Lo más importante en el proceso de la gestión energética es trabajar bajo en mensaje central de que ‘no es difícil reducir el consumo de energía’. Los cambios culturales y de conducta en su uso son lo más complicado, pero lo más efectivo para hacerlo más eficiente”.

Al presidir la Primera Jornada de Eficiencia y Gestión Energética, realizada a finales de septiembre pasado, el director de la CONUEE fue claro en su mensaje: es necesario “modificar los patrones de consumo en los usos finales de la energía”.

Reducir el consumo energético sin desfavorecer el crecimiento económico es el reto de México. Su estrategia de participación en esta importante carrera se promueve a través del Programa de Fomento a la Certificación de Productos, Procesos y Servicios, con el que se distinguen a los mejores productos y servicios que poseen los índices de desempeño energético más óptimos y contribuyen a reducir el impacto negativo hacia el medioambiente, en tiempos en los que la fuente más importante del futuro es la eficiencia energética.

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