Los retos del financiamiento energético

Aunque en México existen programas para optimizar el uso de la energía en pequeñas y medianas empresas, éstos todavía están muy por debajo de las grandes oportunidades que representan. Las barreras siguen siendo muchas, por lo que las instituciones públicas jugarán un papel de primer orden para sortearlas

Por Odón de Buen

Desde un dispositivo tan simple como la lámpara para el hogar, hasta un pesado vehículo que mueve mercancías a largas distancias, los equipos y productos eléctricos han venido integrando en su diseño nuevos materiales, elementos y arreglos tecnológicos, que hoy en día les permiten dar los mismos niveles de servicio (cantidad de luz en la lámpara y kilómetros por litro en vehículos), pero con una reducción de hasta 80 por ciento en su consumo de energía.

Lo anterior ha significado que la eficiencia energética se logre con inversiones que se pagan solas, en plazos suficientemente cortos, y que el potencial técnico-económico al aprovechar esas oportunidades sea muy grande. No obstante, cuando esto implica cambios que van más allá de equipos individuales que se sustituyen periódicamente o involucra sistemas integrados por elementos varios, su realización sólo es posible a través de un crédito que se paga en un plazo de meses o años.

Desafortunadamente, el nivel de desarrollo de los programas y arreglos de financiamiento para la eficiencia energética (cuando se trata de sistemas y no de equipos individuales), tanto en México como en el contexto internacional, está muy por debajo de las grandes oportunidades que puede ofrecer, como establece el G20 Energy Efficiency Investment Toolkit.

En el panorama nacional se tiene una gran variedad de programas que han sido exitosos y enfocados en equipos o elementos individuales, particularmente los que se han realizado a través del Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (FIDE), el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) o los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA).

Sin embargo, éstos todavía no han cruzado el umbral de proyectos que involucran la mejora sustancial de sistemas con una variedad de equipos y elementos de conexión y control aplicables a la iluminación, aire acondicionado, refrigeración industrial, generación y distribución de calor, entre otros. Así, es necesario eliminar barreras que, independientemente o en conjunto, dificultan el financiamiento para proyectos de eficiencia energética, a saber:

1.- Incertidumbre técnica
Se asocia con el desempeño energético y la calidad de los equipos individuales, así como del sistema en lo general. Éste es un aspecto central como elemento técnico, ya que es la variable fundamental para definir cuán menor es el consumo de energía de un sistema nuevo respecto del alternativo de menor eficiencia. No tener certidumbre sobre el funcionamiento y vida útil de un equipo es un riesgo que, en caso de tomarse, se refleja negativamente en los términos en que se da el financiamiento, específicamente para una mayor tasa de interés y/o en las garantías que se solicitan para asegurar el pago.

2.- Costo de transacción
Implica el monto total de proyecto e incluye los costos adicionales, más allá de los elementos materiales en los que se invierte. También puede incluir trámites, elaboración de contratos, suma de gastos de negociación e implantación, además de la debida diligencia (due diligence), es decir, asegurarse de que el diseño e instalación de un sistema se desempeñe eficientemente de acuerdo con el periodo en que se estima estará funcionado. Esto implica que los estudios previos sobre materiales y equipos que lo componen por separado y actuando en conjunto estén instalados adecuadamente y se lleve a cabo el monitoreo de los resultados.

El costo de transacción incluye contratos y trámites diversos que, para las medianas y pequeñas industrias, así como para los edificios de gobierno, ya sean estos municipales, estatales o federales, puede llegar a ser mayor que la parte técnica.

Otro costo que debe considerarse, y que tiene un gran efecto sobre la rentabilidad, es lo que les cuesta a las empresas que ofrecen productos y servicios de eficiencia energética conseguir clientes en un mercado donde la demanda de proyectos es limitada. A medida que una compañía tiene que visitar a múltiples prospectos, sus servicios se encarecen, pues tiene que prorratear estos costos entre los que sí se llevan a cabo.

3.- Prácticas bancarias con pequeñas y medianas empresas (PyMEs)
Aun cuando los lujos de gastos evitados por las medidas de eficiencia energéticas pueden ser suficientes para asegurar el pago de un financiamiento, en el mercado de las PyMEs no se presta bajo la lógica de la economía de los proyectos, sino desde la perspectiva de garantías de pago, independientemente de los flujos positivos del efectivo. Esto significa que, más allá de la rentabilidad (el llamado project nance), lo más importante para las condiciones de un préstamo son las garantías que pueda dar la compañía para, en su caso, pagarlo.

Los riesgos recaen en el eslabón más débil de la cadena, es decir, las PyMEs que tienen la oportunidad de ahorro y uso eficiente de energía, y que se ven orilladas a poner en riesgo su patrimonio para aprovecharla. Es por ello que, en la mayoría de los casos, los proyectos que se llevan a cabo tienden a involucrar solamente un equipo o un conjunto de sistemas similares (que generalmente tienen garantía de desempeño y calidad por Norma Oficial Mexicana o el Sello FIDE), pero no aprovechan la posible sinergia que se logra con un proyecto integral y de mayor tamaño, diseñado a la medida y que involucra equipos distintos con elementos de distribución y control de electricidad, fluidos y calor.

En México, existe un sólido sistema de elaboración de NOM de eficiencia energética (30 de ellas en vigor) y de evaluación de su conformidad, con más de 70 laboratorios y 8 organismos de certificación

Acciones para aumentar el financiamiento
Para superar las barreras anotadas arriba, las instituciones públicas juegan un papel medular que puede resumirse en tres líneas fundamentales:

A) Regulaciones técnicas
Son un elemento central que sostiene a los sistemas nacionales de eficiencia energética porque dan certidumbre sobre el desempeño y calidad de materiales, equipos y sistemas más eficientes. En México, las regulaciones técnicas se denominan Normas Mexicanas (NMX) y Normas Oficiales Mexicanas (NOM), que son instituidas a partir de la Ley Federal de Metrología y Normalización.

Además, establecen el umbral mayor o menor de los parámetros a regular, el método de prueba que se lleva a cabo para darle un valor a ese(os) parámetro(s) y el protocolo que comprueba que se ubica en el nivel aceptable. Para ser efectivas, las regulaciones técnicas deben tener un sistema adecuado y confiable de evaluación de la conformidad con laboratorios de prueba, organismos de certificación y entidades de acreditación.

En el país existe un sólido sistema de elaboración de NOM de eficiencia energética (con 30 de ellas en vigor) y de evaluación de su conformidad, con más de 70 laboratorios y 8 organismos de certificación. Lo anterior ha permitido la certidumbre sobre el desempeño y calidad de una gran variedad de sistemas y de los elementos que los componen, lo que ha dado soporte a exitosos programas de financiamiento. Sin embargo, uno de los grandes retos es asegurarse de que su evaluación será de manera integral, desde instalar de acuerdo con el diseño, hasta dimensionar y monitorear adecuadamente su funcionamiento.

A falta de regulaciones específicas dentro de los programas de normalización, la autoridad busca promover y facilitar acuerdos entre los principales actores del mercado acerca de los procedimientos, parámetros y prácticas que permitan reducir la incertidumbre sobre el desempeño y calidad de los proyectos.

B) Agregación de proyectos afines
Las instituciones de gobierno deben de aprovechar su capacidad de concertación con cualquier actor involucrado (usuarios, proveedores de productos y servicios, cámaras y asociaciones de la industria y servicios, gobiernos estatales, banca e, incluso, con la cooperación internacional). Esto con el fin de agregar demanda y dar lugar a economías de escala que reduzcan los costos de transacción y, en consecuencia, hacer rentable una mayor cantidad de proyectos.

C) A falta de regulaciones aplicables, procurar una debida diligencia técnica
Cuando no existen regulaciones técnicas aplicables, la autoridad debe integrar, producir o consensar protocolos técnicos que aseguren la calidad y el desempeño, además de establecer criterios para la participación de quienes ofrecen productos y servicios relacionados con un programa dado, generar o facilitar la integración de contratos macro e implementar una estructura mínima en cada programa para que sea operado.

De esta manera, las instituciones de capital no requieren involucrarse en la evaluación detallada de los proyectos, sino más bien apoyarse en los mecanismos que establece la autoridad. Así, con la garantía que da el trabajo de concertación y la calidad técnica de las autoridades, se asegura un nivel aceptable de riesgo que reduce las tasas de interés. Lo anterior no sólo conducirá al financiamiento, sino a lograr mejores condiciones de aprovechamiento para las empresas con oportunidades de inversión en eficiencia energética.
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Odón de Buen
Ingeniero Mecánico Electricista por la UNAM, maestro en Energía y Recursos por la Universidad de Berkeley, en California, y profesor asociado de la maestría en Ingeniería Energética en la UNAM. Autor de diversos reportes técnicos sobre ahorro de energía y fuentes renovables, publicados tanto en México como en EEUU. Actualmente es Director General de la Conuee.

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