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Perspectivas para la industria

El año que recién termina estuvo lleno de contratiempos, retrasos, reformas y modificaciones que impidieron el desarrollo natural de las industrias mexicanas. Tras un mes de trabajo, reacomodos y análisis prospectivos, se deja sentir entre los miembros de la industria de la construcción y del sector eléctrico cierta mirada positiva ante el desarrollo que puede acontecer durante el resto de 2014. Aún queda mucho por definirse.

51.9 % caída registrada por las actividades del sector de la construcción en Chiapas, estado más afectado durante 2013.

Por Christopher García.

00a0003987No cabe duda de que 2013 fue un año complicado en muchos sentidos. La opinión generalizada señala que no hubo suficiente inversión pública y que, cuando la hubo, la liberación de los presupuestos se retrasó más de lo acostumbrado, pues las principales instituciones gubernamentales comenzaron a ejercerlos hasta finales de año y en cantidades harto reducidas. Esto dio como resultado pocos desarrollos de obra, contados inicios de proyecto y anuncios de licitaciones que prácticamente se materializarán hasta este año, sin que se sepa bien cuándo.

Ante esta situación, diversas empresas dedicadas al desarrollo de obra registraron considerables mermas sus ingresos –las que obtuvieron mejores resultados–, mientras que muchas más enfrentaron serias dificultades para mantenerse en el mercado, cuando no desaparecieron.

Según información de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), durante el primer semestre de 2013, más de 500 empresas del sector cerraron en todo el país, lo que significó más de 800 mil empleos perdidos. Incluso, tres de las grandes empresas inmobiliarias del país, Geo, Homex y Urbi, las cuales hasta hace poco cotizaban en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), registraron enormes pérdidas y se encuentran al borde de la bancarrota (de acuerdo con cifras de la BMV, los ingresos por ventas de las tres empresas sumaron una caída conjunta de 53 por ciento hacia el último trimestre de 2013, en relación con los índices registrados en el mismo periodo de 2012).

Asimismo, el presidente Nacional de la CMIC reporta que el mayor número de cierres de empresas se registró en cinco estados: Puebla, Estado de México, Nuevo León, Chiapas y Oaxaca; mientras que Querétaro, donde la industria había registrado niveles considerables de crecimiento y un promedio de 7 mil empleos por año, tuvo un déficit de 1 mil 750 empleos, y Jalisco, que mantenía un promedio de 350 mil empleos por año provenientes de este sector, contabilizó, según la ingeniera Lorena Limón, presidenta Regional de la CMIC, sólo 100 mil empleos (menos de un tercio), además de 70 empresas cerradas en 10 meses.

Con estas cifras, podría considerarse que el sector de la construcción ha atravesado por una mala racha que puede revertirse si los proyectos y las licitaciones mejoran durante este 2014. Pero lo cierto es que se está enfrentando una grave crisis en el sector, que tiene repercusiones en otras industrias cercanamente vinculadas. “El sector de la construcción es muy importante para el crecimiento y el desarrollo económico de un país, ya que proporciona elementos básicos de infraestructura (carreteras, puertos, vías férreas, presas, plantas de energía eléctrica, viviendas, entre otros), los cuales favorecen la comunicación entre diversos sectores de la economía”, comenta en entrevista Roberto Solano, analista Bursátil del Grupo Financiero Monex. “Adicionalmente –puntualiza–, el sector utiliza insumos provenientes de otras industrias, como el acero, el hierro, el cemento, la arena, la cal, la madera, el aluminio, entre otras, por lo que es considerado uno de los principales ejes de crecimiento de la economía, dado que beneficia a 66 ramas de actividad en el país”.

En otras palabras, al verse afectada la industria de la construcción, 66 industrias ligadas a ella enfrentan análogos problemas de desarrollo, dado que la demanda de materiales y mano de obra decrece en igual medida.

Según el informe 2013: año de la redefinición de la ruta económica para la industria de la construcción, realizado por la Gerencia de Economía y Financiamiento de la CMIC, el impacto de la industria de la construcción sobre el desempeño económico nacional abarca 63 de las 79 ramas productivas del país; es decir que, de cada 100 pesos que se destinan a los proyectos de construcción, 43 se emplean en la compra de servicios y materiales. Además, ocupa el cuarto lugar en la generación de empleo entre las industrias productivas y el sexto en aportación al PIB total de la economía nacional.

Estos datos vuelven imposible desestimar la desaceleración vivida por la industria de la construcción y las repercusiones que  han dado pie a un efecto en cadena con incidencias en áreas demasiado diversas.

En el informe de la CMIC mencionado, se registró una pérdida acumulada de 4.5 por ciento en el sector de la construcción y su cadena productiva hasta septiembre del año pasado, con Chiapas como el estado más afectado, al registrar una reducción de 51.9 por ciento en las actividades productivas del sector. De igual manera, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en su documento Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe, registró un porcentaje idéntico de desempeño para la industria de la construcción en México (-4.5 por ciento), con el añadido de que los energéticos alcanzaron el mayor índice de inflación interanual durante 2013, con 9.62 por ciento.

Por si fuera poco, el documento señala que “El salario mínimo real tuvo un incremento interanual de 0.7 por ciento en el período comprendido entre enero y octubre”, y sentencia: “La desaceleración económica ha impactado negativamente en el número de nuevos empleados formales registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que en los primeros nueve meses de 2013 mostró un incremento de 487 mil 528 personas, frente a 693 mil 412 personas en el mismo período de 2012”.

En el caso específico de la industria eléctrica, su comportamiento registró una reducción de actividades de 5.9 por ciento durante el mismo periodo, según la información presentada por el informe de la CMIC. En los subsectores de esta industria, las plantas termoeléctricas registraron el único comportamiento que podría calificarse como positivo, al mostrar 54.3 por ciento de actividad productiva, mientras que el subsector de líneas de transmisión y distribución se ubicó en 6.3 por ciento; el de subestaciones, en 5.5 por ciento; el de obras auxiliares registró un déficit considerable de -11 por ciento, pero nimio en comparación con el subsector de plantas hidroeléctricas, que registró -65 por ciento en sus actividades productivas.

La inversión general registrada para la industria de la construcción decreció en 300 millones de pesos para septiembre de 2013, en comparación con las cifras registradas en el último trimestre de 2012. Lo más sobresaliente de esta cifra es que 78 por ciento del total de la inversión provino de capital privado y el resto del sector público. La disminución de la inversión total desencadenó la pérdida de 150 mil empleos directos hasta septiembre de 2013, cifra que se incrementó hasta 800 mil en el balance final del año, según cifras del presidente de la CMIC.

Por otro lado, si se toma en cuenta el crecimiento económico general del país (1.2 por ciento en el año, según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional), la situación se torna sumamente alarmante para la mayoría de las industrias mexicanas, pues no sólo resulta de las economías menos productivas de Latinoamérica –sólo por delante de Venezuela–, sino que las pretensiones de crecimiento se fueron desmoronando paulatinamente conforme transcurrieron los meses de 2013. A inicios del año, se pronosticaba 3.5 por ciento de crecimiento; al llegar al último trimestre, el pronóstico descendió a prácticamente la tercera parte de la estimación inicial.

Para dónde hacerse
Tras la revisión de los resultados obtenidos durante 2013 y sobre todo basados en la promesa gubernamental de que las inversiones en infraestructura y obra se estabilizarán durante este año, tanto contratistas de obra civil y eléctrica, como empresas manufactureras, de servicios, de transformación, inversionistas y analistas financieros auguran un repunte para la industria de la construcción y para la economía mexicana en general.

Esta visión optimista se debe a que durante el último trimestre de 2013 los índices de desarrollo de la industria aumentaron ligeramente, a la par de la inversión pública. Según declaraciones ofrecidas por voceros del Instituto Mexicano de Ejecutivos en Finanzas (IMEF), la industria no manufacturera del país registró un crecimiento de 1.8 por ciento en diciembre pasado, el mayor durante el año.

Asimismo, a finales de enero, el secretario de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Carlos Ramírez Marín, declaró que se tiene prevista una inversión de 336 mil millones de pesos para el desarrollo de viviendas durante 2014. Con ello, el crecimiento del sector de la construcción ascendería a 10 por ciento, respecto de los resultados obtenidos durante 2013. Según su visión, la industria de la construcción no está en crisis, sino que es “un sector vivo y sumamente activo”, de acuerdo con la información compartida por el portal Obras. Añade que, “de igual manera, tenemos sobradas razones para decir que 2014 será un año extraordinario para el sector vivienda, pues este año se destinarán 12 mil millones de pesos en subsidios a la vivienda para fortalecer a la industria, lo que representa 50 por ciento de aumento en comparación con 2013”.

De acuerdo con las cifras presentadas por el informe de la CMIC citado anteriormente, la inversión total prevista para los cinco años que restan de la administración actual asciende a 20.8 billones de pesos, con prácticamente dos terceras partes de dicha inversión provenientes de la iniciativa privada (13.478 billones de pesos). De dicha inversión, sólo 2.1 billones de pesos (aproximadamente 10 por ciento) estarían destinados al sector de electricidad y energía limpia. El informe detalla que si se cumplen los proyectos anunciados por el Gobierno Federal, se generarían 1.5 millones de empleos directos en el sector de la construcción y 800 mil más de carácter indirecto; es decir, un promedio de 430 mil empleos por año, hasta 2018, cifra que resulta deleznable si se toma en cuenta que, en 2010, el Distrito Federal, por sí solo, generó más de 474 mil 956 empleos remunerados en el sector de la construcción, según datos del Conocer. Además, si se considera que sólo durante 2013 se perdieron 800 mil empleos en el sector, la cifra total de generación de empleos prevista apenas estaría contrarrestando la mitad de las pérdidas del año pasado.

En contraste, el informe de la CMIC reporta que, para finales de 2013, la construcción de edificios de oficinas, de edificios industriales y de centros comerciales y de servicios creció en 25, 10 y 8 por ciento respectivamente, en todo el país. Cabe, entonces, preguntarse por qué si se registraron crecimientos en el sector, muchas empresas mexicanas del ramo desaparecieron.

La consultora Bimsa Reports, en su informe sobre el Índice de Confianza del Constructor para el cuarto trimestre de 2013, reporta que el índice pasó de 48.7 puntos durante el tercer trimestre del año (el más bajo registrado desde que se lleva a cabo el análisis) a 51.4 puntos en el cuarto trimestre. Los índices relacionados con obra contratada, mano de obra y maquinaria pesada también registraron incrementos. El relacionado con obra contratada pasó de 46.8 puntos en el tercer trimestre de 2013, a 48.6 en el cuarto; el de mano de obra pasó de 48.3 a 49.9, en los mismos periodos, mientras que el de maquinaria pesada avanzó de 43.7 a 45 puntos.

En las conclusiones de dicho análisis se lee lo siguiente: “Si bien el nivel de producción de las empresas constructoras mejoró durante el periodo octubre-diciembre de 2013 respecto de lo que se venía observando en los primeros nueve meses del año, anticipando una probable recuperación del sector, prevalece un elevado optimismo sobre el desempeño económico por realizarse a lo largo del año que inicia; una formación de expectativas que derivó posiblemente de una mayor claridad de las acciones en materia de inversión pública y de la reforma energética, elevando de esta manera la confianza de los constructores”.

Estas conclusiones sólo permiten pensar que la confianza que el sector de la construcción está depositando en las posibles mejoras para el año entrante podría resultar defraudada, pues, según se señala en el mismo reporte, “este optimismo puede disminuir en tanto no se materialice la inversión en obra pública y privada que el sector espera y que el ICOCO refleja, de tal suerte que este repunte en el índice no marque tendencia, como ocurrió el año pasado”.

En el mismo tenor, Jonathan Heath, especialista del IMEF, declaró para el medio Dinero en Imagen que “las acciones de política fiscal pro cíclicas incluidas en la propuesta de reforma hacendaria del Ejecutivo [mexicano] dificultarán la recuperación de la economía en 2014, cuando se espera que crezca a una tasa superior de 3 por ciento”. Según sus declaraciones al medio mencionado, la aplicación de las medidas fiscales propuestas tendría un impacto negativo sobre las posibilidades de una buena recuperación, pues reducirían el ingreso disponible de los hogares más productivos para dárselo a sectores informales menos productivos.

A este panorama, se suma la consideración generalizada de que la reactivación económica del país depende, prácticamente en su totalidad, de que EUA eleve su demanda de productos extranjeros, pues México se encuentra entre los principales exportadores al país del Norte. Por ejemplo, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, al tiempo que negó  por completo una recesión económica, dijo que el mayor choque que enfrenta la economía mexicana es externo. “Hay que reconocer que el entorno internacional representa un reto para la economía mexicana, primero por el bajo crecimiento, la lenta recuperación, particularmente de EUA, el entorno de las políticas de consolidación fiscal en ese país, que está teniendo un efecto sobre el crecimiento económico, y por otro lado, la volatilidad que implica la política monetaria de EUA y el eventual retiro del estímulo financiero”, declaró tras su participación en el Premio Banamex de Economía.

En contraste, el INEGI, en su informe de datos de la Oferta y Demanda Global de Bienes y Servicios, que forman parte del cálculo del PIB, confirma el deterioro de la economía interna, pero no el de la externa. Según datos del informe, dentro del país, la demanda global de bienes y servicios mostró que la Formación Bruta de Capital Fijo –la inversión de las empresas– se redujo 1.91 por ciento frente al trimestre anterior (tercero de 2013); mientras que el Consumo Privado se redujo 0.76 por ciento y el del Gobierno 0.09 por ciento. El único componente que mostró un crecimiento fue el de las exportaciones, con 1.17 por ciento.

El sector mejora, ¿para quién?
Las previsiones de que salga a la luz un número considerable de licitaciones públicas, que potenciarían la inversión y el trabajo para el sector, están basadas en suposiciones endebles. En entrevista, Roberto Solano menciona que “a pesar de que el Gobierno anunció el Plan Nacional de Infraestructura 2013-2018, por el momento no se ha publicado el programa de infraestructura para 2014, por lo que aún no conocemos los proyectos por licitar en específico para el año en curso. Consideramos que uno de los sectores que podría tener más proyectos a licitar es el carretero”.

00a0003990Solano: “Aún no conocemos los proyectos por licitar en específico para el año en curso”
Fotografía: Bruno Martínez

Además de esto, Solano advierte que, “en materia financiera, los desarrolladores deberán tomar en cuenta sus niveles actuales de apalancamiento para poder participar en nuevos proyectos, obras que representen menores costos y gastos, proyectos que les permitan contar economías a escala,  así como los proyectos que les permitan generar valor a sus portafolios actuales (tomando en cuenta la experiencia). Cabe señalar que cada desarrollador deberá ser más selectivo en cuanto a los proyectos en los que buscará participar”.

Entre los proyectos de carácter público que se prevén para 2014, se cuenta la expansión del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y el Proyecto Transístmico, que prevé incrementar el tráfico de carga a través del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec. Estos proyectos aún no se concretan y no se tiene certeza de cuándo se harán públicas las licitaciones. Además, a pesar de su magnitud, resultan insuficientes para lograr que el sector de la construcción, cuyo desarrollo impacta directamente a casi 70 áreas productivas del pais, retome el auge perdido durante 2013.

Por si no bastara, la recién aprobada Reforma Energética hace posible que las grandes empresas trasnacionales –respaldadas por organizaciones bancarias mundiales, con mayor experiencia en proyectos de gran magnitud que las empresas mexicanas y merecedoras de beneficios fiscales que las nacionales no perciben– tengan la oportunidad de competir en dichas licitaciones, dado que el mercado ha sido abierto por entero a la participación del capital privado internacional.

A este respecto, el presidente Nacional de la CMIC, Luis Fernando Zárate, declaró a finales de enero pasado ante medios de comunicación que 200 empresas mexicanas están listas para asociarse con consorcios extranjeros e iniciar proyectos para el sector energético, como resultado de la apertura que observará la industria en los próximos años, a raíz de la aprobación de la Reforma Energética. “Los consorcios mexicanos tenemos que prepararnos para colgarnos de los grandes consorcios y que nos traten como socios, no como chalanes”, resalta Zárate. Además, el presidente de la CMIC puntualizó que la concreción de las alianzas ocurrirá luego de que se emitan las leyes secundarias de la Reforma.

Respecto de la participación de empresas extranjeras en las labores productivas nacionales, el ingeniero Juan Manuel Chaparro, presidente de Fomento Industrial de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación, declara que, con base en “la realidad histórica y en ausencia de una verdadera Política de Desarrollo Industrial Integral, el Gobierno Federal ha heredado un desmantelamiento de la plantilla industrial mexicana durante la última década, con mucho mayor intensidad durante los últimos cinco años, que promueve la importación de materias primas, insumos o componentes, en lugar de promover la fabricación nacional, como se establece en la Política de Desgravación Gubernamental Unilateral y Generalizada que se publicó en el Diario Oficial de la Federación del 24 de diciembre de 2008”.

En relación, también, con la participación extranjera en el país, en el libro El debate sobre la Reforma Energética, realizado por Víctor Rodríguez, José Luis Apodaca, Alberto Castelazo, Faustino Valle González y el senador Manuel Bartlett, éste último comenta respecto de las propuestas de mercantilización del sector eléctrico: “No es cierto que el mercado eléctrico funcione; lo verificamos directamente en las investigaciones que llevamos a cabo en Europa, en América Latina y en Estados Unidos. Tampoco es cierto que se destinen recursos del presupuesto público a la electricidad. Sucede lo contrario”.

00a0003988Y añade: “El modelo propuesto afirma que basta un regulador estatal para asegurar una competencia honesta. En verdad no hay regulador capaz de asegurar la competencia. Pruebas sobran: lo hemos visto en California y en entidades de EUA. Como en cualquier mercado, el aprovisionamiento se manipula para subir los precios. El regulador no tiene capacidad para poner orden y hacer que los operadores respeten la regulación, si es que la hay”.

Al cierre de esta edición, la empresa española Isolux Corsán se había adjudicado un contrato con CFE para construir e instalar 26 km de líneas de transmisión, 10 subestaciones en el D.F., el Estado de México e Hidalgo, además de 50 subestaciones de transformación y distribución, con un valor conjunto de 1 mil 231 millones de dólares. No es la primera ocasión que CFE otorga contratos a la empresa, la cual mencionó que ha participado en proyectos de diversa índole desde su llegada al país, como obras civiles, de telecomunicación y de energía. También, la demanda de amparo contra la Reforma Energética, impuesta el pasado 28 de enero por senadores del PT, fue admitida por el Juzgado Octavo de Distrito en Materia Administrativa del Distrito Federal. A decir de los senadores, representa un paso para frenar la privatización del patrimonio nacional.
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La doctrina Monroe del sector eléctrico
El senador Manuel Bartlett, uno de los principales detractores y críticos de la Reforma Energética, sentencia la desaparición de las dos principales paraestatales mexicanas, las dos más redituables del Estado. En entrevista con Constructor Eléctrico, desvela el impacto de la actual reforma sobre el sector eléctrico

Por Antonio Nieto, Fotografía: Bruno Martínez

00a0003989Constructor Eléctrico (CE): ¿Cuál será el impacto de la Reforma Energética para el sector eléctrico?
Manuel Bartlett (MB): El impacto que México va a tener con la extranjerización del sector energético puede ser adelantado con lo que ha pasado en el mundo en relación con este tema.

El sector eléctrico ha pasado por ser privado y luego público. En Estados Unidos (EUA), el debate eterno es éste, pues ahí hay electricidad en manos públicas y privadas, una batalla de años para hacer de la electricidad un negocio privado.

La tesis que hemos sostenido, y que sostienen muchos, es que la electricidad debe ser un servicio público; debe estar en manos del Estado, en manos públicas, no convertirlo en un negocio.

La historia de México es similar a la de EUA, porque allá también hay electricidad en manos públicas. En México el sector se desarrolla por inversiones privadas (canadienses, estadunidenses). Se llegó a un momento de reflexión social –que motiva la Revolución Mexicana y los compromisos sociales en la Constitución– en que se inicia un proceso de participación del Estado para la generación de energía eléctrica.

En el periodo cardenista se tiene la necesidad de impulsar el desarrollo en todo el país, pero te encuentras con que sólo en las áreas donde es rentable el negocio eléctrico hay electricidad, y en donde las empresas privadas consideran que no es rentable no iban.

Se continuó con estos compromisos que surgen de la Revolución y se creó una empresa pública para cubrir ese enorme vacío, que es la creación de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), para cubrir lo que no cubrían los intereses privados, y que no cubrirán nunca. Hay una razón incontrovertible al respecto: el sector privado va donde hay negocio, y va con los precios que le convienen para que se haga más redituable.

Por lo anterior, considerar la electricidad como un negocio cuando es una necesidad social absolutamente indispensable es un desacierto.

La creación de la CFE se dio a través de un gran esfuerzo; se utilizaron hasta máquinas usadas. Llega un momento en que la electricidad pública es mayor que la privada y esta última ya no crece y comienza a comprarle electricidad a la CFE.

Por ello, el gobierno decide, al tener una empresa funcionando, comprar a las empresas privadas que ya no invertían, por intereses económicos, y nacionaliza la electricidad. López Mateos establece que la generación, transmisión y distribución de la energía eléctrica para el servicio público corresponde al Estado. Crece esta empresa a tal grado que abastece al 98 por ciento de la población.

Actualmente, las tarifas no las fija la CFE, ni la Secretaría de Energía: las fija la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y en México no tienen nada que ver con el costo de producción o de distribución, sino que son impuestos adicionales que suben, como los gasolinazos.

Si un país como el nuestro realiza esa inversión inmensa en todos estos años y logra cumplir con el propósito que se fijó y tiene atendido al país entero, ¿cuál es la razón de privatizar?

Nosotros, que le dimos seguimiento a este tema, hemos insistido que sólo hay dos motores que impulsaron esta Reforma: la presión de Estados Unidos y la corrupción en México; porque cuando se hace privado un sector público se abre a la corrupción la segunda empresa del país en renta, después de Pemex.

Desde de que se empezó a plantear el asunto de la privatización, de la extranjerización, la corrupción se desarrolló a niveles espantosos.

CE: Senador, ¿este tipo de procesos jamás ha traído consecuencias positivas? Pensemos en los modelos privatizadores de sectores energéticos, como en Latinoamérica o en Europa.
MB: España tiene una crisis en electricidad. La prueba de esto está en la realidad. Pero viene el alegato inmediato: “Es que no han invertido las empresas privadas”. No invierten porque la tarifa es muy baja. También lo que está pasando en Argentina: está colapsada.

CE: ¿Cuál sería el contraargumento para todo el discurso del Ejecutivo Federal?
MB: Dicen que no van a privatizar. ¿Y qué significa la reforma que establece un mercado de electricidad, como le llaman, y haces que la redes las conserve el Estado, sólo que es para todos, para atender a todos los que participan? Cuando todos participan, es privatizar.

Lo que dicen es que abrirán el mercado; es decir, darán permisos para generar energía eléctrica a empresas que no son mexicanas, sino trasnacionales. Entonces, ¿cómo que no van a privatizar?

La CFE ya no será del Estado, sino una empresa productiva del Estado, cuya definición no existe. No sabemos qué es; eso lo incluyeron. Se trata de reducirla a una empresa como las que van a entrar. Entonces no sólo establecen que habrá competencia –en electricidad no hay competencia en el mundo entero–, sino que van a introducir a empresas a generar electricidad en las mismas condiciones que la CFE.

CE: Suena parecido a lo que pasó con Luz y Fuerza cuando la declararon una empresa improductiva. ¿Cree que el camino sea también desaparecer CFE y Pemex?
MB: Claro: van a matar a las dos. Eso está en la Reforma. Pemex será una empresa productiva del Estado, una empresa más. A pesar de que está intervenida, corrupta, es una de las más productivas del mundo, y va a competir con Exxon Mobil, que es la número uno del mundo; pero además está Shell, British Petroleum, que no son empresas: son los brazos del imperio y tienen atrás todo el sistema financiero mundial. Son negocios financieros de las grandes potencias. Entran con el apoyo del imperio, de los bancos trasnacionales y, si es necesario, con el apoyo del ejército estadunidense, porque, en cuanto se abra, esto será del interés estratégico de Estados Unidos.

El esquema a que se ha llegado hace que el Estado ya no tenga ninguna posibilidad de manejar el sector energético. ¿Por qué? Nosotros tenemos una serie de tratados internacionales en los cuales se establecen una serie de protecciones ilimitadas a la inversión extranjera. La energía estaba reservada en la Constitución y, por lo tanto, estaba reservada en el TLC. Podíamos tener la exclusividad de Estado en materia energética. Cuando quitas de la Constitución esa reserva, la energía entra en el libre mercado; cuando sucede esto, el Estado ya no tiene posibilidades de dirigir una política energética nacional. Una vez que tengan concesiones –como les van a llamar–, el sistema tiene que operar de tal manera que le dé las mismas condiciones a cualquier americana que entre y a la CFE.

Si hay un interés de dominar el sector energético por parte las trasnacionales, van a desaparecer las dos [paraestatales], se van a desmoronar, ¿cómo las van a sostener?, ¿con qué dinero? Y el Gobierno no puede intervenir para pedirle a estas trasnacionales que abastezcan de electricidad a zonas que no tienen, “tú tienes que dar tales precios”. Esto no se puede, porque son inversiones extranjeras protegidas por los tratados de libre comercio.

El Estado pierde la capacidad. Lo que pasó con los bancos: son extranjeros. El Banco de México (BM) no tiene facultadas para decirle a los bancos que presten o no lo hagan. Las únicas facultadas del BM son regular la inflación. Antes, la banca privada tenía que obedecer al BM en cuanto al destino de la inversión, distribuir los ingresos para la producción. Eso ya no existe en el sistema financiero mexicano. Ellos van a prestar a quien quieran, pues negocios españoles, estadunidenses, son negocios que vienen a ganar dinero. Es igual en el sector de la energía.

CE: ¿En qué lugar quedaron las renovables en la Reforma?
MB: Ninguno. Hace tiempo que está extranjerizado. La CFE tiene todas las tecnologías posibles, tiene una gran calidad, era un superempresa; entonces, en lugar de que se impulsen las energías renovables –CFE tiene su instituto de tecnología–, se las dan a las empresas españolas.

CE: ¿Dónde quedarían las empresas mexicanas respecto de este asunto?
MB: En el TLC, Salinas de Gortari firma un compromiso que establece que todas las compras que hagan las dos grandes empresas públicas tienen que ser con licitación internacional. El Departamento de Comercio de Estados Unidos lo consideró en su tiempo el más grande avance del TLC. Imaginemos competir con los monstruos más grandes.

Luego de firmar el TLC, se reforma la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica y se establece una serie de trampas para que los extranjeros comiencen a generar energía. Ahí comenzaron a desaparecer muchas empresas. Eso va a pasar en la actualidad.

Cuando en Brasil Petrobras se abrió a la inversión privada, con Fernando Henrique Cardoso, comenzó a desindustrializarse el área energética.

Se trata de un acto para eliminar toda posibilidad de desarrollo autónomo y una apertura para ser totalmente dominada por las trasnacionales extranjeras.

CE: ¿Las empresas mexicanas no pueden competir con las empresas trasnacionales?
MB: El Gobierno está decidido a no apoyar a las empresas nacionales. Los gobiernos apoyan; el gobierno estadunidense apoya a sus empresas, las promueve.

En la parte eléctrica, en el Senado distribuimos un documento sobre el proyecto que planteó Carlos Pascual [una línea de transmisión transpeninsular, que corre desde el Norte de México hasta Tierra de Fuego]. ¿Por qué se está privatizando? Es un proyecto que vale 1.4 trillones de dólares para las empresas norteamericanas, dijo Pascual al Congreso de Estados Unidos. El proyecto es norteamericano; la seguridad energética estadunidense.

CE: ¿Cuál es su prospección en los próximos años?
MB: El sistema eléctrico extranjero. No queda nada. No se pueden tomar decisiones como éstas si no se tiene una idea de la geopolítica. Estar junto a Estados Unidos tiene sus beneficios, pero también enormes peligros. Porfirio Díaz decía: “Entre Estados Unidos y México, el desierto”.
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