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Impacto de la Reforma Fiscal

Por Felipe Lascurain.

Iniciemos recordando que la teoría en la cual se apoyó el cobro de los impuestos es una teoría positiva creada por el Estado, en la cual se traslapa la obligación a los ciudadanos de contribuir con el erario público. Esta doctrina va un poco más allá, porque muy claramente dice que la contribución nunca será gravosa para quien lo causa.

La segunda y más importante premisa es que el impuesto es exclusivamente para los gastos necesarios que sustenten o mantengan al sector de Gobierno, impuestos que deben aplicarse inmediatamente para sufragar los gastos de la maquinaria burocrática o gubernamental y para usarse en obras que tengan realmente beneficio para la nación y la sociedad.

Tercero, no es dinero que entreguemos los contribuyentes para que con base en una serie de artilugios sea robado o malversado por funcionarios que deberían tener escrúpulos y claridad para la aplicación de estos recursos, de modo que retribuya de la mejor manera a sus ciudadanos.

Si no entiendo mal la reforma actual, se acaba de instituir que de cada peso que ingresa a nuestras arcas, 35 por ciento tenemos que destinarlo al pago de impuestos, amén del resto que en cascada vamos pagando, y que si los sumamos resulta escandaloso.

Dicen las autoridades, o los que saben al respecto, que aproximadamente 2 por ciento de la población los paga. Yo me pregunto, ¿qué pasaría si las autoridades respetaran ese dinero, no lo tocaran y lo utilizaran en beneficio de la nación y no en beneficio propio? Si con el 2 por ciento que se paga y el resto de lo que se llevan se siguen haciendo obras y ese dinero se respetara, las obras serían inimaginables.

La Reforma Fiscal que ha hecho el nuevo secretario de Hacienda no ayuda en nada ni a la pequeña ni a la mediana empresa; al contrario, son el blanco perfecto de estas autoridades que extorsionan y que exoneran del cobro a los que les conviene exonerar.

No le cobran a quienes no les conviene, por lo que el panorama para los pequeños y medianos industriales del país no es nada halagüeño; y si le sumamos las altísimas y costosísimas cuotas del Seguro Social, el cual, por cierto y siguiendo la pillería en la cual hemos caído desde hace 100 años, está quebrado. Los servicios que ofrecen a sus causahabientes son de pésima, ínfima calidad; no porque los médicos sean malos, sino porque no existen ni materiales ni medicamentos. No existe nada.

Hoy amenazan nuevamente las autoridades con trasladarle al país una enorme deuda, similar o mayor al gran robo que sufrió la banca a manos de todos los políticos que la destruyeron a partir de la nacionalización, que fue una estatización porque los únicos bancos que eran internacionales no se tocaron. Hoy en día nos van a endilgar la quiebra de Pemex, que no surge más que del despilfarro y robo sistemático y sin límites que ha sufrido la paraestatal en manos de los políticos bajo la complacencia de las cúpulas electorales del país.

Si seguimos por este camino de corrupción, despilfarro y robo los problemas serán más graves que la simple quiebra de empresas. El Estado debe recordar que la necesidad del ser humano es sufragar sus necesidades de alimentación, habitación y educación.

Compañeros, hagamos unión. Cobijémonos bajo colegios y asociaciones para que nuestra voz no se clave en el desierto, sino que sea la suma de muchas voces que lleven a reflexionar a las autoridades y se den cuenta de que aún hay tiempo de rectificar el camino y se vuelva el gobierno del bien común.
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Felipe Lascurain.
delascurain.consultoreslegales@e-management.mx
Licenciado en Derecho, egresado de la Universidad Iberoamericana. A lo largo de su carrera, adquirió una amplia experiencia en la asesoría a empresas dedicadas al ramo financiero, seguros, inmobiliario y construcción, tanto en su planeación como en su parte corporativa y legal.

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