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Con Schneider hasta la cima

Acaso no haya persona que conozca más a fondo Schneider Electric México que Enrique González Haas, actual presidente y director General. Hace 36 años inició su tránsito en las filas de la trasnacional francesa, tiempo en el que ha pasado prácticamente por cada área. A la distancia, González Haas comenta que se concebía en el sector de comunicaciones y encontró su vocación en la industria eléctrica

Por Christopher García / Bruno Martínez, fotografías

Sobre los muros de una oficina sencilla, que consta de un escritorio, una mesa para seis personas, una computadora, un par de estantes y algunas fotografías y reconocimientos, se observan varias hileras de automóviles rojos a escala. Es una colección de más de 50 autos que se ha ido gestando a lo largo de 25 años, de acuerdo con Enrique González Haas, quien preside y dirige a Schneider Electric México y Centroamérica desde esta oficina.

El gusto por los autos fue un regalo de su padre, el primero de esos autos llegó como regalo de alguien más; el número fue creciendo casi sin quererlo. Confiesa que le habría gustado trabajar en una empresa automotriz, pero el mismo destino lo llevó por el camino de la electricidad.

“Nunca saben a dónde los va a llevar el destino ni a dónde los va a orientar su vocación”, recuerda que le decía un profesor en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, de la cual es egresado y a la que espera volver. “Y tenía mucha razón”, comenta.

Tras apenas un año en una empresa de comunicaciones, área en la que pretendía enfocarse, inició su verdadera vocación en el sector eléctrico. Su historia en este ramo comienza en 1979, con la empresa Square D Company México. Más de 36 años después, tras haber vivido fusiones, cambios, tiempos difíciles y tiempos de bonanza, Enrique González se siente feliz y satisfecho de mirar hacia atrás, “porque cuando entré a la empresa no pensé que iba a llegar a este puesto”.

Inició desde abajo y fue dejando huella en prácticamente cada área de la compañía: Ingeniería, Manufactura, Mercadotecnia, Ventas, hasta llegar a su puesto actual como presidente.

Podría decir que he tenido la suerte de tener una preparación multidisciplinaria, que me ha ayudado a estar en la posición que estoy en la actualidad”.

Recuerda: “Entré en el área de ingeniería en 1979; era un México diferente al de hoy. Estábamos viviendo los últimos años de lo que se llamó el México de desarrollo estabilizador, donde prácticamente se tenía que fabricar todo en territorio nacional y necesitábamos una alta integración de manufactura para vender en el mercado. Esas eran las reglas del juego y las compañías requerían una gran cantidad de ingenieros que se dedicaran a ver cómo sustituir importaciones y hacer programas de integración que cumplieran con los requisitos que imponía el mercado. Ahí entré yo, en una de las líneas de diseño”.

Su formación académica como ingeniero Mecánico Electricista le permitió especializarse en sistemas eléctricos y electrónicos; pero acaso el rasgo distintivo que llevó hasta su puesto actual sea su gusto por lo difícil. “Eso tiene ventajas, porque hay menos competencia en donde las cosas son difíciles, pues no todo el mundo le quiere entrar. Es más fácil ir a donde las cosas son más estándar, más predecibles”.

En el área de Ingeniería, escaló desde ingeniero de Diseño, hasta gerente del área. Más tarde, se presentó una nueva oportunidad: “El presidente que estaba en aquella época me dijo: ‘Ingeniero: usted ya cumplió con su misión en el área de Ingeniería, ya no va a aprender nada más ahí. Es tiempo de un cambio para usted. Se va usted a manejar una fábrica’. Fui el gerente de Planta más joven de mi generación”.

En ese tiempo consolidaron dos plantas e hicieron grandes cambios. Para la década de 1990, Schneider Electric adquirió Square D. “Mucha gente salió en aquella época. Se combinó con una serie de resultados no muy buenos que tuvimos en términos de rentabilidad, hubo cambio de presidente dos veces, cambió todo el staff, pero yo me mantuve en la planta”.

Tras ese proceso adaptativo y con las modificaciones derivadas del Tratado de Libre Comercio, Schneider Electric comenzó a visualizar su potencial de exportación, como sucedió en casi todos los sectores productivos del país. La fusión de empresas les brindó capacidades productivas muy grandes, pero tenían que aprovecharse. “Me asignaron dos de las plantas que prometían mucho en el tema de exportación. Después de una serie de cuestionamientos sobre si la calidad de México era suficiente, sobre si las plantas mexicanas podrían competir con las globales, tuvimos la grata experiencia de empezar a transferir líneas de producción hacía las plantas mexicanas. La planta que tenemos en Tlaxcala creció de manera espectacular y nuestras exportaciones crecieron muy rápidamente. Una de las plantas que tenía a mí cargo fue transferida a Monterrey. Con ello, la ciudad empezó a crecer exponencialmente en términos de manufactura para Schneider”.

Ya como parte de Schneider, González incursionó en el área de Distribución, donde adquirió conocimiento sobre logística, entregas justo a tiempo, valor agregado. “En vistas de la experiencia que había ganado con los años y las buenas relaciones con nuestras filiales fuera de México, el presidente al que reportaba me comentó la posibilidad de convertirme en su sucesor, pero tenía un gran problema: no conocía nada de aspectos comerciales”.

Nueva misión en el área de Mercadotecnia: estar un año para aprender sobre temas comerciales. “Cuando llegué a esa área, toda la gente que reportaba conmigo pensaba que les hablaría de manufactura y productividad, pero nada de eso: les hablé de temas de producto, de precios, y les sorprendió que no estuviera tan en pañales en términos de lo que ellos manejaban”.

González Haas explica que mucho de ese conocimiento se debió a su paso por otras áreas, en un momento en que la mercadotecnia se hacía desde la ingeniería misma. “Había llegado por un año a Mercadotecnia y me quedé cuatro. Afortunadamente, hicimos muy buen equipo con el área Comercial y crecimos de manera importante: duplicamos las ventas respecto de 2004 en los siguientes tres años”.

Su paso por el área de Ventas fue muy breve, apenas un año y medio. “Entonces, llegó el momento en el que el presidente se retiró y la sucesión se completó. Pude aprovechar la oportunidad y éste ya es mi séptimo año”.

Su llegada a la presidencia de Schneider Electric representa un logro mayúsculo. Ser el primer presidente mexicano de la compañía en México no es poca cosa; su deseo es que el próximo también lo sea.

Es un gran orgullo que los mexicanos podamos demostrar que estamos al mismo nivel o más que cualquier ejecutivo de cualquier nivel mundial. Es lo que debemos aprender y entender; aprovechar las experiencias para que las empresas, tanto locales como globales, confíen cada vez más en el talento mexicano”.

En siete años bajo su dirección, la empresa ha cambiado mucho: “Hemos hecho una transformación bastante fuerte de cómo veníamos manejando el negocio, nos hemos abierto más al mercado, tratamos de tener gente muy inteligente y joven, con nueva dinámica. Los tiempos han cambiado muchísimo, la digitalización es clave y la relación con nuestros clientes también para seguir penetrando en el mercado nacional”.

A pesar de los años que ya cuenta en la empresa, de haber superado diversos retos profesionales, reconoce que el reto mayor es en el que se encuentra actualmente, “porque me ha tocado hacer una transición de una cultura que en su momento fue buena, pero que ya no se adaptaba a los tiempos actuales”.

A su juicio, nada hay más complicado que cambiar la cultura de una empresa, porque la resistencia al cambio y los hábitos arraigados son difíciles de modificar. “Pero hay que tener tenacidad, hay que saber exactamente hacia dónde se quiere dirigir y hay que encaminarse. Sabemos que se va a llegar, tarde o temprano, a ese lugar donde todo ya va a estar cambiado y caminando como una máquina aceitada”.

–¿Puede entenderse Enrique González sin Schneider Electric?
–Yo creo que no. En Schneider Electric he encontrado mi desarrollo profesional, pero no sólo encontré eso: mi esposa y yo nos conocimos aquí. Uno no puede desligar las cosas, porque es parte de todo un ser: la cuestión personal, la cuestión profesional y la cuestión espiritual se conjugan para irlo formando a uno. No se puede decir que son cosas separadas; al menos yo no puedo. En todos los ambientes trato de ser la persona que soy. Eso me ha dado resultado, pues lo sigo haciendo.

Enrique González se siente feliz y satisfecho de mirar hacia atrás, “porque cuando entré a la empresa no pensé que iba a llegar a este puesto”

¿Quién es Enrique González Haas?
A pesar de ser un hombre al que le encantan las cosas difíciles, su trato es sencillo, con buen humor, sereno. No concibe la vida sin cerveza ni café; disfruta viajar, el cine y la música. El buen vino y la compañía de la familia o los amigos son infaltables en su vida. “Me gusta llegar muy temprano al trabajo, ir a comer y no tardarme más de una hora, comentar con los compañeros de trabajo temas diferentes que nos enriquecen, y me gusta irme temprano, porque el tráfico en la Ciudad de México hace invertir demasiado tiempo en el coche, eso no me gusta. Si algo tengo que hacer posteriormente, puedo conectarme a los sistemas informáticos de la compañía y extender un poco mi tiempo, pero trato de no hacerlo, porque el tiempo de descanso es para descansar y para disfrutar con mi familia. Eso es lo que hago, no soy complicado”.

Un tema crucial en su vida: el tiempo. “Es importantísima la consciencia del tiempo y muchas personas lo valoran poco. Lo empezamos a valorar cuando nos hacemos viejos, porque sabemos que nos quedan menos días de vida”.

Cada día trabaja porque las personas valoren este recurso y lo aprovechen al máximo. Esa es su filosofía. “De repente, siento que la gente que tengo no va a la velocidad que yo y eso me desespera un poco; pero gradualmente entienden que tenemos que meterle mucha dinámica a las cosas, mucha innovación. Estoy acostumbrado a un sistema de mejora continua, a ser más productivo cada año, a aprovechar al máximo el tiempo, porque es el único recurso que no se recupera. Si yo tengo hoy 10 pesos y me los gasto y mañana los tengo, ya recuperé mis 10 pesos: el dinero va y viene. Pero el tiempo no: el tiempo que hoy no aprovecho ya se fue, no hay manera de recuperarlo, se extingue”.

Por ello, también está consciente de que todo termina; y su tiempo en Schneider, según comenta, se acerca a su conclusión. “Tuve una misión, que fue llegar a esta compañía, ser un contribuyente y tratar de comportarme en ella como lo que soy: una persona sencilla, que trata de tomar siempre decisiones con buenos juicios, con buen equilibrio y llevarla al camino del éxito. Estoy ya en la última etapa de eso. Tienen que venir otras personas”.

Afirma que su deseo es dedicarse a la docencia para mantenerse activo y compartir su experiencia con los jóvenes “para que puedan tener una visión completa de una experiencia técnica-práctica de las cosas. Lo que nunca enseñan en la escuela es lo que uno vive en las empresas. A veces se tiene buena teoría, pero no práctica. Entonces se tiene que buscar un balance”.

–El México actual está cambiando a una velocidad inusitada. ¿Dónde está el reto principal?
–Cuando estudiaba en la Facultad, los profesores hablaban de un problema serio al cual México se estaba enfrentando, que era una tasa de crecimiento poblacional muy fuerte y no visualizábamos la enorme situación que se iba a venir y que tal vez hubiera problemas de oportunidades para todos. Pues se nos vino el tiempo. Tenemos casi 120 millones de personas en el país, según los últimos datos del Inegi, y nuestro producto interno bruto no ha crecido a la misma velocidad. La tarea fundamental de la sociedad en la que estamos incluidos todos es tratar de crecer nuestra economía; no hay otra manera de dar educación, trabajo, bienestar. Obviamente, siempre se va a alegar que si unos tienen mucho y otros poco, pero esa es la labor también de los gobiernos: tratar de que los recursos se igualen para que haya oportunidades iguales. Me da mucha pena que haya instituciones educativas que se pasan gran parte del tiempo en huelgas; en un país con tanta necesidad, es un pecado, porque la gente debe prepararse mejor y estar más educados para enfrentar una situación cada vez más complicada. No es porque se sea de un sistema político o de otro: el mundo así se está haciendo. Hoy lo que pasa en un lugar, impacta en otro”.

–¿Hacia dónde lleva Enrique González a Schneider Electric?
–Con este crecimiento poblacional, en el que la gente migra cada vez más hacia las ciudades, se requiere un mayor esfuerzo para la utilización de los energéticos. Esto representa un riesgo si no hacemos un uso adecuado, pues también estamos contaminando el mundo. Ahí están los dilemas. ¿Cómo sostener un crecimiento poblacional y al mismo tiempo satisfacer las necesidades energéticas? Es ahí donde estamos nosotros, tratando de hacer que nuestros clientes puedan aprovechar al máximo la energía que utilizan y que no la desperdiciemos, para que contribuyamos a que el mundo se mantenga habitable. El tesoro más grande que tenemos es este mundo; si nos lo acabamos, se acaba todo. Nuestra consciencia es ésa: llevar a nuestros clientes la certeza de que vamos a colaborar con ellos a que utilicen de mejor forma la energía eléctrica, apoyándolos con soluciones de eficiencia energética, productiva en sus procesos y, además, con la certeza de que están teniendo los mejores productos del mercado al cual servimos.

–¿Qué deja de sí en Schneider Electric?
–He dejado mis mejores años. En 36 años de trabajo uno obtiene muchas experiencias. Nunca ha sido mi intención buscar un lucimiento personal, me gusta que se hable de mi organización y de mi gente y que todo el mundo aprecie lo que se hace. Al final del día, viendo otras empresas cómo son dirigidas, creo que estoy en el camino correcto, porque aquí cualquier persona puede entrar a mi oficina, no hay protocolos ni cosas jerárquicas. Tratamos de que sea una organización lo más amigable posible, sin perder los temas de liderazgo y autoridad que se tienen. Lo que busco es tener mucho contacto con la gente.

Los resultados que tenemos en México, no sólo en términos de negocio, sino en términos de cambio cultural, de equidad, de las buenas calificaciones que los empleados dan, son parte de querer hacer cosas de forma distinta y más innovadoras, que se vean reflejadas en el mercado. El sello que me gustaría que se recordara cuando ya no esté aquí es que Enrique González pasó, hizo muchos cambios, puso de cabeza todo, pero finalmente nos llevó a donde deberíamos de ir.

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