Contratista

Vocación innata

Lo que comenzó como una solución para obtener información sobre energía eléctrica de publicaciones se ha convertido en el trabajo de una vida. Ricardo Jiménez Cataño muestra el resultado de seguir con brío una pasión natural.

Por Antonio Nieto.

La curiosidad y su interés temprano por lo eléctrico encaminaron a Ricardo Jiménez Cataño a buscar información gratuita en diversas publicaciones. No obstante, debido a su corta edad, no obtenía respuesta. Pensaba que a un estudiante de secundaria no lo tomarían en serio. Por eso inventó una empresa: Electrotecnia, la cual no ha dejado de recibir información. La concatenación de los hechos, podría decirse, convirtió su vida en “un sueño hecho realidad”.

“Me encariño con las construcciones; trato de hacerlas lo mejor posible y diferentes entre sí. Siempre me siento parte del creador de la obra final”.

Constructor Eléctrico (CE): ¿Cuándo comenzó con las obras eléctricas?
Ricardo Jiménez (RJ): Descubrí mi vocación desde muy pequeño. Me encontraba estudiando la secundaría cuando comencé a solicitar información acerca de cuestiones eléctricas a las revistas que ofrecían información gratuita, pero no me llegaba nada, y pensé: “Si digo que soy estudiante, lo más seguro es que no me hagan caso”. Por esa razón inventé la empresa Electrotecnia.

Me presenté como el gerente, y entonces recibí un montón de información. Lo paradójico es que esa compañía se convirtió en realidad cuando di de alta mi negocio. Lamentablemente ya había un registro como tal, por lo que agregué la inicial del nombre de mi esposa, Elizabeth, y del mío. Por eso la empresa se llama ER Electrotecnia; con 27 años ya en el mercado.

CE: ¿Dónde estudió?
RJ: En 1976 concluí la carrera de Ingeniero Mecánico Electricista en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

CE: ¿De dónde surgió su inquietud por dedicarse a las obras eléctricas?
RJ: Desde pequeño me gustaba la electricidad. Fui de esos niños aficionados a descomponer y reparar los aparatos de la casa. Así me convertí en el que se encargaba de arreglar el cable de la plancha cuando se rompía o nuestra lavadora.

CE: ¿Recuerda su primera obra eléctrica?
RJ: Mi primer trabajo fue en SIPESA, una empresa contratista de las mejores en San Luis. Allí me asignaron la instalación del Centro Potosino de Bellas Artes. Obviamente, trabajé con la tecnología de aquellos años y, desde el punto de vista de iluminación, fue de sumo interés porque iluminábamos con lo que teníamos disponible e intentábamos reproducir el color de las pinturas en el tono más real posible.

CE: ¿Cuál ha sido su mayor reto como contratista?
RJ: La acelerada gestión de instalaciones eléctricas es lo que me causa mayor inquietud. En muchas ocasiones, el tiempo nos hace quedar mal. Hay obras muy grandes que precisan de gente especializada y la participación de muchas personas para darle velocidad.

CE: ¿Qué lo mantiene en la carrera?
RJ: Toda la gente que confía en que ER Electrotecnia llegue a un punto importante, la gente que viene detrás de mí y confía en mí, ya sea familia o empleados que son muy valiosos, y a los que no quiero defraudar.

CE: ¿Qué emociones le dejan las
obras que realiza?

RJ: Me encariño con las construcciones; trato de hacerlas lo mejor posible y diferentes entre sí. Siempre me siento parte del creador de la obra final; desde luego, el mérito más grande recae en el arquitecto y el diseñador. Ellos le dan el acabado, lo que se ve a simple vista, pero la parte eléctrica es un mérito oculto que vale mucho.

CE: ¿Cómo se visualiza en el futuro?
RJ: Al lado de empresas bien establecidas en distintas partes de la República Mexicana, con las cuales pueda brindarle electricidad a todo aquél que la solicite. Ésa es la idea.

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Ciudad Judicial: desempeño y proyección

El entramado eléctrico Demandó creatividad y recurrir a espacios no contemplados en principio. Resulta un diseño funcional

Toda obra eléctrica es un ejemplo de control y precisión que permanece oculto a simple vista. Un edificio público requiere dinamismo y adaptabilidad, sobre todo si se trata de una edificación de Gobierno. El proyecto y la instalación logran que la Ciudad Judicial se yerga como un espacio incomparable.

Como en cualquier proyecto de gran envergadura, se tuvieron que sortear diversos obstáculos para conseguir la funcionalidad total de la edificación. En un principio, lo que se presentó como el mayor desafío fue colocar instalaciones que pudieran sufrir modificaciones, sin alterar de forma drástica el diseño original y convertir el sistema en una nebulosa de conexiones y líneas; fenómeno común en edificios públicos y dependencias de gobierno.

Concluir la obra a cabalidad y con precisión requirió de 40 personas trabajando casi 50 horas a la semana, durante los momentos más arduos de la instalación. Cumplir las demandas de la Secretaría de Obras Públicas de San Luis Potosí fue el desafío. Lo único que requerían era un edificio que fuera plenamente distinto al resto, cuyo consumo energético estuviera por debajo de lo habitual y resultara libre de problemas.

Para el aprovechamiento del espacio, aprieto ineludible en cualquier obra de gran magnitud, el concepto denominado “trinchera vertical” se utilizó para la consecución de los requerimientos originales, un diseño que utiliza las oquedades para hacerse del espacio necesario sin que entre en conflicto con el plan arquitectónico o el de aire acondicionado. Tal esquema se corrió a lo largo de cada una de las oficinas con camas de tuberías para todo el alumbrado, los datos, la voz. Permitió darle a las líneas de suministro una capacidad de adaptación magnífica y acorde con la distribución dinámica en este tipo de entidades.

Dicha adaptabilidad consintió que las cuestiones que se ignoraban o aún faltaba definir, pues dependían del diseño de la obra –tipo de mobiliario, distribución, cantidad–, fueran resueltas de manera adecuada y exitosa. Tanto así, que los malos funcionamientos en el sistema eléctrico registrados hasta la fecha se reducen a cero. Todos los espacios han resultado altamente adecuados para las actividades previstas.

Por supuesto, el ahorro y la eficiencia energéticos fueron motivos fundamentales que no se pasaron por alto en ningún momento del proceso, dados los niveles de consumo que registran construcciones con dimensiones como éstas. Se echó mano de la tecnología de punta disponible en el momento para obtener el menor gravamen. Las luminarias tipo Troffer (lámparas de luz fluorescente empotradas en el techo) son uno de los elementos de iluminación que proveyeron lo estipulado por el diseño arquitectónico; para otros sitios se recurrió a las de celda, mediante tubos fluorescentes T8.

Debido a su amplitud y a los horarios de labor pretendidos, la iluminación de los pasillos en diferentes horas del día debía ser apropiada. Para ello, se emplearon lámparas fluorescentes compactas. Cada una fue construida con un cable armado que permite moverlas en cinco posiciones distintas, un concepto poco conocido para el tiempo en que se elaboraron. Otro propósito fundamental: libertad de decisión para el usuario una vez que el mobiliario estuviera en su sitio final, y bajo consumo eléctrico; solución al conflicto de la adaptación de espacios a actividades diversas.

Al utilizar cables con calibre adecuado, cálculos de cargas precisos, sin escatimar en las necesidades ineludibles de energía; al emplear luminarias de última generación, cuidando de brindar los niveles luminosos adecuados para evitar usar lámparas adicionales personales que sobrepasaran los límites del diseño, los registros de consumo y ahorro proyectaron resultados que se adecuaron con lo pretendido. Incluso, fueron superiores, pues el ahorro en electricidad sobrepasa lo estipulado originalmente. No se dio oportunidad para el desperdicio de energía en iluminación; se instaló sólo lo necesario.

La obra terminada mostró que las consideraciones previas, en cuanto a colores, tamaños y necesidades específicas de cada espacio fueron redituables; se dieron soluciones concretas para cada situación. Lo obtenido es un recinto monumental, pulcro, bien organizado y, sobre todo, altamente funcional.

Sala de plenos
Uno de los espacios que mayor creatividad y cálculos requirió fue la Sala de Plenos, donde el elemento furtivo para cada lámpara utilizada fue imprescindible, no sólo por el tipo de recinto, sino por el número de unidades que se precisaron. El reto se resolvió por medio de estructuras de madera que mantienen semioculto el entramado de lámparas fluorescentes compactas, usadas para brindar solución a uno más de los retos: el acceso para mantenimiento. La decisión se tomó con base en la poca frecuencia de limpieza que requiere este tipo de luminarias.

Dicha decisión fungió adicionalmente como atención al costo del consumo eléctrico y la eficiencia, pues al tratarse de lámparas fluorescentes la cantidad utilizada se redujo y se suprimió la pérdida en forma de calor que aportan los bombillos incandescentes. A pesar de la extensión del recinto, se diseñó de la mejor manera para cumplir con todos los estándares y requisitos.

Utilizada para conferencias y audiencias, con un aforo total de 400 personas, el nivel de luz debía poder manipularse, de modo que se ajustara a las necesidades luminosas de cada ocasión. El inconveniente era que las lámparas compactas no son dimeables –no puede regularse su intensidad lumínica– y se habían utilizado para resolver otras problemáticas. Una cantidad mayor de circuitos abolió la preocupante, pues permitió manejar los niveles precisos.

Por todas estas razones, se diseñó un cuarto de servicios eléctricos específicamente para este espacio particular. La consecución de sitio fue, nuevamente, un problema, y se recurrió a una trinchera por debajo del piso, característica innecesaria en condiciones normales, pero que brindó una solución de adaptabilidad más al diseño, el cual no contaba con dichos espacios de origen.

La necesidad de acondicionarlo de este modo respondió, una vez más, a la importancia de mantener la instalación apropiadamente para evitar malos funcionamientos, además de precisarse facilidad de acceso a todos los puntos de las líneas en el momento de darle mantenimiento. Los espacios vacíos consiguen que sea innecesario romper muros, techos o acabados para acceder a los sitios precisos. Es posible subir y bajar libremente con tuberías y reparar los desperfectos. Todo, sin realizar obra civil adicional y garantizando la limpieza del trabajo. Fallo localizable y acceso sencillo.

La magnificencia de conjugar el diseño eléctrico con el arquitectónico se ejemplifica a la perfección en el espacio representado por la Sala, donde la seguridad del suministro fue esencial. Era impensable la posibilidad de una falla durante asambleas de Gobierno.

Por obvias razones, la climatización de una sala como ésta y, en general, de todo el edificio gubernamental debe ser adecuada. No basta con colocar sistemas de aire acondicionado o calefacción; se deben calcular las cargas que requiere el total de equipos, situar las líneas y conexiones adecuadas.

Esto sería imposible sin un estimado eléctrico apropiado y la instalación consiguiente de una subestación que brinde el total necesario. Lo implementado en este diseño fue una obra exterior, separada del edificio principal por algunos metros. La línea de suministro se corrió por el lado del antiguo estadio de futbol del equipo San Luis. Se colocó un poste para el establecimiento de la línea principal y un corte transversal permitió dirigir el suministro hasta el cuarto de la subestación.

El cálculo para las dimensiones del edificio alcanzó los 750 kVA. Se precisó de dos transformadores con esa capacidad para generar la redundancia adecuada en el sistema. Eso evita que el suministro de energía deje de alimentar a la edificación y se pierda el abastecimiento de electricidad. En caso de que el transformador principal llegase a fallar, el segundo entraría en funciones de inmediato.

Un año y medio fue el tiempo que se ocupó en el desarrollo de la instalación eléctrica. La confiabilidad del suministro de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) aportó alivio al diseño eléctrico, en el cual no se dejó, por eso, de prever posibles desperfectos. Desde pequeños alimentadores para equipos de cómputo, como no breaks o los famosos Uninterrupted Power Systems (UPS), hasta una planta de emergencia en caso de falta de suministro resuelven sin contratiempos los problemas generados por apagones.

A pesar del momento en que se edificó, la visión de ahorro energético y sostenibilidad fueron adecuadas para que la obra cumpliera con los estándares que se exigen actualmente. Por el despliegue creativo, la capacidad para sortear los obstáculos y el impecable entramado de energía que se obtuvo, la instalación eléctrica de la Ciudad Judicial es motivo de satisfacción para los usuarios del recinto; aún más, para el ingeniero Ricardo Jiménez Cataño: “no es fácil que te permitan desarrollar todo lo que traes como proyectista, pero los resultados están a la vista”.

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