Columna

Pérdidas de energía (parte 2)

Por Gilberto Enríquez Harper.

La caída del poder adquisitivo ha propiciado la puesta en práctica de nuevos recursos para hacer usode la energía eléctrica de forma indebida.

Las pérdidas por consumo se pueden corregir resolviendo los problemas de medición. Las pérdidas por facturación generalmente tienen su origen en un sistema de facturación deficiente. Las pérdidas por cobranza se deben básicamente a los recibos de consumo que no se pagan, a una deficiente distribución y a clientes que pagan frecuentemente recibos atrasados.

La solución a los problemas de las pérdidas no técnicas son administrativos, legales, técnicos, y detrás de todos está un alto contenido de decisiones políticas donde se involucran distintos grupos y situaciones socio-políticas.

El robo y el fraude representan una parte sustancial de las pérdidas en diversas empresas eléctricas; también está principalmente asociado con el tipo de consumidores y relacionado con el deterioro económico que se ha tenido desde la década de 1980, la cual aún persiste en México, y que ha llevado al empobrecimiento generalizado de los usuarios de ingresos medios y bajos.

La caída del poder adquisitivo de las llamadas clases bajas y medias ha traído como consecuencia que algunos usuarios pongan en práctica nuevos recursos para hacer uso de la energía eléctrica en forma indebida, conectándose a las redes eléctricas que están en la vía pública, que por lo general tienen poca vigilancia y control por parte de las compañías suministradoras.

En ausencia de una legislación adecuada, tanto en lo comercial-administrativo como en lo penal, no permite a las empresas suministradoras tener una herramienta jurídico-legal para tratar con éxito este tipo de problemas relacionados con el uso indebido de la electricidad.

El problema del robo o uso indebido de la electricidad no sólo es de los llamados grupos marginados, también es de tipo ético y moral, ya que si bien pudiera ser comprensible en los grupos marginados, aunque no justificable, no lo es en las zonas residenciales, en las industrias y en los comercios, donde la manipulación de los medidores permite menores pagos, aun cuando posean recursos suficientes como para el pago correcto de los servicios de energía eléctrica.

Otro aspecto por considerar en el uso ilegal de la electricidad es la seguridad, tanto de los que se conectan en forma indebida, como de las propias instalaciones, ya que se hacen sin ninguna norma técnica por los propios residentes, con conductores inadecuados, uniones manuales, etcétera. Dependiendo del tamaño de la carga conectada en forma ilegal, además del aumento en las pérdidas en el sistema eléctrico, se presenta por lo general una caída de tensión y se reduce también la confiabilidad de los sistemas de los usuarios en cuyas redes se conectan en forma ilegal.

Tomando en consideración todos los componentes que conforman un sistema eléctrico de potencia, es difícil establecer lo que podría ser un nivel óptimo de pérdidas totales, ya que esto depende principalmente de las características del propio sistema y también de los beneficios que se tienen con la reducción de las pérdidas en función de las inversiones.

En la literatura técnica existente, se encuentran diferencias entre los criterios del nivel óptimo de pérdidas entre empresas, pero se puede estimar que el nivel porcentual no debe exceder el rango de 10 a 12%, pero es deseable, como máximo, de 8 a 9%.

El porcentaje de pérdidas se determina para cualquier etapa, producción-transmisión y distribución, en función de los datos estadísticos de que se dispongan, de acuerdo con la siguiente expresión: € Pérdidas totales = Total de energía entrada a la red – vendida en daño Total de energía generada y recibido en el año x 100.
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Gilberto Enríquez Harper
Ingeniero electricista por el IPN. Maestro en ciencias por la misma universidad, dentro del programa de la Unesco. Maestro en Filosofía de los Sistemas Eléctricos, por la Universidad de Londres. Es profesor de licenciatura y posgrado en ingeniería eléctrica en la ESIME. Ha escrito 75 libros y más de 280 artículos relacionados con ingeniería electromecánica.

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