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Cuba replantea su rumbo energético

Por José Ordóñez López

Cuba es un archipiélago o grupo de islas cuya superficie total alcanza 109 mil 884 kilómetros cuadrados, y cuya mayor extensión está centralizada en la isla principal, denominada la más grande de El Caribe y la cual cuenta con una población estimada en 11 millones 163 mil 934 habitantes.

Es importante referir que es una isla estrecha y alargada, con recursos limitados en fuentes convencionales de hidrocarburos, con propiedades específicas para uso en la generación energética en fuentes como la hidráulica, también limitadas; sin embargo, hay una elevada potencialidad en el uso de fuentes como la energía solar, eólica, biomasa, generación por grupos de plantas generadoras de emergencia y la promoción a partir del consumo de gas natural emanado de los pozos de extracción petrolífera, que se ha convertido en otra fuente de energía barata y reutilizando un portador energético hasta ahora desperdiciado.

Hay que señalar que el sistema eléctrico nacional cubano se ha mantenido en operación desde 1959, atravesando periodos complicados en los que situaciones políticas han bloqueado la inversión y estabilidad en todos los sectores de la economía cubana, con lo que la industria energética no fue excepción; no obstante, la calidad de los ingenieros, técnicos y personal que labora en ese sector ha sido clave en la solución de retos diarios.

De igual forma, el gobierno ha lanzado campañas para generar una conciencia energética con programas canalizados en los consumos, que van desde la cultura de ahorro en el hogar hasta programas donde universidades y el sector industrial han estrechado esfuerzos para llevar a la práctica medidas como la compensación de reactivos, acomodos de cargas y horarios, entre otras, como una manera de lograr un adecuado uso de la capacidad generada.

A entender de muchos, podría considerarse que la primera acción de carácter integral que se llevó a cabo en Cuba para promocionar el ahorro de electricidad y cultura energética fue el Programa de Ahorro de Electricidad en Cuba, conocido por sus siglas como PAEC.

Debido a la situación generada entre 1990 y 1993, con el derrumbe del campo socialista, principal aliado de la isla, se produjo un descenso en la disponibilidad de generación, lo cual trajo como consecuencia apagones prolongados, que afectaron no sólo la vida de la población de forma cotidiana, sino muchas industrias que no podían producir a los niveles requeridos, y todo se convirtió en un ciclo cerrado.

Así, en 1997 entró en vigor el PAEC y esto permitió estrechar relaciones con instituciones como el Fideicomiso para el Ahorro de Energía (Fide) y la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (Conae) en México.

A la par, es conocido el uso de crudo cubano para la generación eléctrica y muchos atribuyen que el principal factor en la quiebra de las plantas en Cuba ha sido el uso de dicho energético.

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Porcentaje de uso de fuentes de energía, donde el balance muestra una alta dependencia de combustibles importados para la generación, alto costo promedio de la energía entregada, contaminación ambiental asociada a la quema de crudo y baja utilización de fuentes renovables

El país produce actualmente alrededor de 1.5 millones de toneladas de petróleo al año. Cabe resaltar que este hidrocarburo contiene un alto nivel de azufre, es decir, entre 9 y 12 %. Esto provoca que no sea recomendado como combustible de generación eléctrica, debido a que las altas temperaturas de las calderas convierten este azufre en ácido sulfúrico, con consecuencias como la corrosión del material con el que están fabricadas, la reducción de su ciclo de vida o elevando el costo de los mantenimientos.

Sin duda, el empleo de este tipo de combustible requiere de plantas tecnológicamente más complejas y ése es uno de los objetivos establecidos en un acuerdo entre los gobiernos de Rusia y Cuba, con la finalidad de construir cuatro nuevas unidades generadoras que ampliarán la capacidad y cubrirán la demanda del sector estatal y doméstico. Existen muchas opciones para el cambio progresivo de la situación energética en Cuba y, a su vez, se han concebido planes a corto, mediano y largo plazos, comprometidos con lograr una reactivación y modernización a los estándares más altos.

Como consecuencia, un tema que sufrió doblemente en estos años fue la industria azucarera cubana, la cual ha sido llamada a contribuir con el cambio de la matriz energética nacional, con una proyección de participación para 2030 de 14 %, aunado a inversiones que paulatinamente irá incorporando.

Esto es factible a partir del programa de crecimiento cañero, la disponibilidad de marabú en las áreas aledañas a las centrales y su sincronización al Sistema Electroenergético Nacional, con una infraestructura agrícola e industrial distribuida en toda la isla, lo que reduce sustancialmente las pérdidas de distribución.

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Instalaciones bioeléctricas que funcionarán en Cuba

Este programa es conocido como Bioeléctricas, siendo importante señalar que la isla es larga y estrecha y en todas las zonas los recursos energéticos no son similares; sin embargo, la posibilidad de contar con centrales azucareros diseminados permite tener una generación distribuida y conectada a la red elevando la eficiencia del sistema.

Ésta es una industria que produce su propio combustible, el cual es renovable y amigable con el medioambiente, ya que el CO2 que emite el bagazo al ser quemado en las calderas, la caña lo absorbió previamente durante el proceso de fotosíntesis durante su crecimiento, no incrementándose su presencia en la atmósfera durante este proceso fabril.

Es así que, en su proyección estratégica, el grupo estatal AZCUBA contempla el programa denominado Bioeléctrica, cuyos objetivos son básicamente elevar los parámetros de eficiencia del área termoenergética de 19 centrales, para generar altos niveles de electricidad excedente y con ello poner en marcha unos 755 mil kW con alta eficiencia, con la fecha meta de 2030.

En materia de energía como la eólica, en extremo novedosa para Cuba, se ha desarrollado un programa a partir de la experiencia de cuatro parques existentes: Ciego de Ávila Turiguanó, Isla de la Juventud, Los Canarreos, Holguín Gibara 1 y Gibara 2.

Todo ello, considerando que la zona norte del territorio Centro-Oriental posee las mayores potencialidades, permitiendo estabilizar la región desde el punto de vista de capacidad generadora. Se considera que una vez instalada toda la capacidad, puedan alcanzarse estimados de generación de 1 mil 630 millones de kWh / año, cantidad que representa 4 % del total previsto para 2030, todo esto según estudios con un tiempo de recuperación de cuatro a seis años.

En el mismo sentido, el uso de la energía fotovoltaica, rubro tan de moda en el continente americano, no ha sido olvidado en la isla, pues se prevé instalar una capacidad de alrededor de 700 mil kW. Para el desarrollo de este programa se tendrán presentes las primeras experiencias en el uso de esta tecnología en pequeños sistemas conectados al Sistema Eléctrico y en más de 8 mil sistemas aislados. La potencia a instalar, de acuerdo con los estudios realizados en la isla, es de 700 mil kWp y su ubicación deberá ser lo más cerca posible a los consumidores, utilizando los techos de las viviendas que reúnan las condiciones necesarias, así como en tierras sin valor agrícola.

En resumen, todos los esfuerzos llevan a que el futuro del sistema eléctrico cubano y la responsabilidad en la operación por parte de la Unión Eléctrica (UNE) se vean apoyados por empresas de primer nivel, como el reciente Memorándum de Entendimiento (MoU), acuerdo de cooperación de energía entre la UNE y la firma alemana Siemens, con la intención de modernizar y apoyar el desarrollo de la infraestructura energética del país. Este acuerdo permite que Siemens provea de tecnología de generación de energía para los proyectos existentes y futuros para centrales eléctricas en Cuba.

Este hecho, invariablemente, reafirma que la base de una infraestructura de generación y transmisión de energía va soportada por los hombres que la operan y su capacidad de asimilar actualizaciones y modernizaciones de la infraestructura, cualidades con las que el sector energético cubano cuenta para su crecimiento.

José Ordóñez López
Ingeniero Eléctrico por el ISPJAE, La Habana, Cuba. Cuenta con un master en Ingeniería Eléctrica, también por el ISPJAE. Ha sido catedrático de la Universidad Panamericana, del ITESM Campus Ciudad de México, y de la Universidad La Salle, Campus Ciudad de México. Laboró en la Gerencia de Manufactura y Procesos Tecnológicos para Fábrica de Transformadores Electrotécnica entre 2005 y 2007 y en la Gerencia de Ingeniería de la Empresa Abastecedora de Material Eléctrico, de 2007 a 2010. Se desempeñó en la Gerencia de Ingeniería de Grupo Enertec, S.A. de C.V., de 2010 a 2013. Desde 2013, es director Técnico para DEHN Protection México.

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