Contratista

Andrés Chávez: Su obra, un paradigma

Detrás de las obras eléctricas siempre habrá personajes que, con su visión particular, den la chispa de vida a las construcciones. Andrés Chávez Sañudo hizo del Hipódromo de las Américas, una obra de magnificencia y respeto.

Por Antonio Nieto.

El complejo abastece 8 mil kilovatios, equivalentes a 16 mil casas.

El conocimiento se pierde si no se transmite. Andrés Chávez Sañudo entiende la premisa, la aplica. Profesor de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, resuelve los cuestionamientos con determinación: ninguna respuesta queda desierta; lo que es más, su discurso denota la experiencia necesaria para haber merecido participar en la instalación eléctrica de una de las obras más importantes de la Ciudad de México: el Hipódromo de las Américas.

Los años que dedicó a este proyecto sumaron en su haber kilómetros de tendido eléctrico y experiencia. La obra yace bajo el suelo del Hipódromo.

Constructor Eléctrico (CE): ¿Cuál es su alma máter?
Andrés Chávez (AC): Soy egresado del Politécnico y, ahora, soy profesor de la ESIME. Me especialicé en instalaciones eléctricas.

CE: ¿En qué año usted empieza con esta obra?
AC: En el año 2000. En esta fecha ya proponemos. En octubre del año 2000 ya hago la primera propuesta de la red de 85 a 23 mil voltios. Un ingeniero que estaba llevando la verificación de las instalaciones eléctricas, amigo mío, me invitó a participar. Entré en contacto con la gente de sistemas y, concretamente, con la gente del ingeniero Ramón Soberón.

CE: ¿Cuánto tiempo le llevó?
AC: Cerca de seis años. Yo llegué aquí en agosto de 2000 y nada más estaba la grada dos, la grada uno, la torre de estacionamiento, el paddock. Se [empezaron] a desarrollar caballerizas, grada tres en 2000-2001; el Centro Banamex arranca en diciembre y se concluye en febrero de 2002. La magnitud de este centro fue el detonante para poder desarrollar un sistema eléctrico más confiable porque ya no se podía resolver con las redes que había en la ciudad de 23 mil voltios, que son los que observamos en los postes.

CE: ¿Cuál fue su función en esta obra eléctrica?
AC: Fue poner a funcionar toda la serie de subestaciones nuevas que se habían construido, de 23 mil voltios a 480, que era la de grada dos, fundamentalmente, y la de grada uno. En aquel entonces no era necesario construir anillos alrededor del óvalo ni era necesario un suministro en 85 mil voltios. Viendo la magnitud del proyecto, planteamos que aquí debía de haber anillos para tener confiabilidad, anillos de distribución de 23 mil voltios, y pensar en otra tensión de suministro, dado el tamaño del proyecto que se estaba realizando.

CE: ¿Cuál fue el mayor reto al que se enfrentó en la instalación del sistema?
AC: El poder convencer a los inversionistas. Desde luego, [fuimos] el ingeniero Ramón Soberón Curi, el director Corporativo de Tecnologías de CIE, y yo quienes, en conjunto, convencimos a los inversionistas de que era necesario desarrollar una subestación de 85 a 23 mil voltios y los anillos correspondientes con la mejor tecnología posible, acorde con la modernidad, con la funcionalidad que este proyecto requería.

CE: Eso, en cuanto a la persuasión con los inversionistas, pero ¿en la parte técnica?
AC: En aquel entonces, hace 10 años, acababa de suceder el problema de las Torres Gemelas. Cuando comenzamos a ver ya la solución al problema de la energía eléctrica, se veía venir una recesión o un problema económico a nivel mundial. Producto de eso, una serie de dificultades para el comercio, una serie de cuestiones que iban a limitar los capitales.

Por otro lado, se decía que en el país no había suficiente energía, que la causa de los apagones en la Cuidad de México era por la carencia de generación de energía; pero no era así. En realidad era problema de la falta de subestaciones, de la falta de líneas de transmisión, de la falta de red de distribución… era una inversión en el sector de transmisión y distribución, no tanto en generación.

El problema de la ciudad era de redes; era un problema de transmisión, transformación y distribución: ése era el gran problema de la ciudad. Sin embargo, una alternativa muy, muy interesante, muy fuerte, era autogenerar; [es decir], que el hipódromo se conectara [con] las redes de gas natural.

Se pensaba, en la zona que está junto al Centro Banamex, ubicar una planta generadora. Sin embargo, la inversión que se tenía que hacer era muy alta, en función de que las máquinas necesitaban trabajar 24 horas los 365 días del año, con 90 por ciento de disponibilidad anual; máquinas que cuestan como cinco [o] 10 veces más que una máquina diesel común y corriente: son máquinas a largo plazo, de mucha confiabilidad. Entonces, dada la inversión tan alta que se tenía que hacer y que tenían que trabajar en forma sincronizada con la red de la calle para completar el suministro, se vio que era una opción que adolecía de poca confiabilidad. Cuando hubiera una falla en la calle, también las máquinas se [saldrían] y [habría] apagón general, lo cual no era admisible.

CE: ¿Analizaron otra opción?
AC: También se analiza el precio del gas natural. En aquel entonces era muy atractivo generar. Claro, ya considerando costos de operación, de mantenimiento, de reposición de máquinas, obviamente el panorama se enfriaba un poco; sin embargo, era muy competitivo. Pero el costo del gas natural se empezó a disparar a nivel mundial porque todo mundo empezó a generar con gas natural: las máquinas de ciclo combinado, las plantas de ciclo combinado…

CE: ¿Cómo lo solucionaron?
AC: Encontramos, en un estudio muy interesante, que arriba de 3.5 dólares en millos de BTU ya no era tan viable la planta generadora local. Era más conveniente tomar el suministro del sector eléctrico porque [tal sector] tiene gas natural, pero con ciclo combinado, el cual es muy eficiente. Hablamos de una eficiencia del 55-50 por ciento, contra el 30 por ciento de una máquina generadora común y corriente. Ésa fue la gran decisión: ir al suministro eléctrico de la calle.

Se tomaron en cuenta muchos escenarios en cuanto a la demanda que iba a tener el Hipódromo. Esto permitió determinar qué alternativa se iba a seguir: la de conectarse a una subestación. Fue la decisión correcta. Si nos hubiéramos ido con la alternativa de generar [nuestra propia energía], el Hipódromo [habría] tenido muchísimos problemas en cuanto a confiabilidad y en cuanto a costo.

CE: ¿Cuánta energía está abasteciendo al complejo?
AC: Estamos hablando como de unos 8 mil kilovatios, lo que equivale como a unas 16 mil casas, hogares típicos. Es una ciudad pequeña. Si hablamos de 16 mil casas, con cuatro habitantes por casa… estaríamos hablando de una ciudad de 60 mil habitantes.

CE: ¿Le toma uno cariño a los proyectos?
AC: Sí, cómo no. Este proyecto entró en servicio en 2005, ya tiene más de seis años en servicio y ha trabajado en forma muy confiable a lo largo de estos años, con mínimas interrupciones. Si hay una interrupción al año, es muchísimo. Posiblemente en [muchos] años no haya una sola interrupción y esto, en la Ciudad de México, es extraordinario; [sobre todo] en [esta clase] de proyectos de tipo inmobiliario. Es el proyecto inmobiliario más interesante en el que he participado, el más emblemático, el más paradigmático.

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