Columna

Contratos de obra, acuerdos leoninos

Por Felipe Lascurain.

Cuando era niño, mi padre tenía una constructora, del tipo de empresas que al poco tiempo de haber emergido podían haber quebrado, porque debían tener suficiente personal para poder llevar a cabo todos los trabajos encomendados: obra civil, estudio de mecánica de suelos, cimentación… hasta entregarle al cliente la obra terminada.

En esa época, recuerdo haber acompañado a mi padre a reuniones con sus clientes en una cadena de restaurantes. Ahí, en la parte reversa de los manteles de papel, se hacían los acuerdos, que ni si quiera se firmaban, los cuales tenían una gran validez entre el constructor y el cliente.

Existía entonces algo que por desgracia se ha ido perdiendo: la palabra basada en la honorabilidad de la persona. Así las cosas, la construcción ha ido modificándose como toda la conducta del ser humano.

En la actualidad, ya no existen el tipo de empresas descrito al inicio de esta columna, en las que el problema que enfrentaban era la cantidad de personal que tenían de fijo y el que no siempre tenían obras.

Hoy en día, las empresas se han ido especializando por ramas. Las obras las van terminando diferentes constructoras que van interviniendo a partir de que la empresa anterior terminó su trabajo para que la siguiente continúe.

Actualmente, la honorabilidad y la palabra han dejado de existir, por lo tanto, recurrimos a los contratos, que es el documento idóneo para poder plasmar en ellos los derechos y obligaciones de cada una de las partes en la elaboración de la obra.

Estos contratos se han desvirtuado, por desgracia. Básicamente, el constructor se encuentra con que le presentan contratos de adhesión. Éstos tienen, en esencia, la característica de la no negociación. Por lo general, estos contratos adolecen del equilibrio jurídico que deben las partes.

De esta manera, los contratos son completamente favorables para los clientes. En ellos se nos piden una serie de elementos en los cuales hemos ido más allá: nos piden garantías, y éstas se traducen en fianzas, que pueden ser de dos tipos: cuando el constructor o el cliente va a entregar anticipos, por lo general entrega una fianza que garantice el buen uso del anticipo; pero después nos piden fianzas de buena calidad, de cumplimiento, de vicios ocultos y demás.

Otro documento muy importante que aún existe es la bitácora de obra. Ésta, al tratarse de un juicio de obra, es importantísima, porque es documento base, y por lo general no la tenemos.

Tenemos que abrir los ojos. Debemos ver quién nos contrata y si tiene los recursos para pagarnos. Las empresas contratistas se ven empujadas a aceptar obras por necesidad, con el riesgo de que no les paguen o las “truenen”.

Por todo lo anterior, es imperativo que los contratistas dejen de ver al abogado como un enemigo. Nosotros, como abogados, buscamos siempre equilibrar las partes.

Hemos detectado que, hace aproximadamente unos 10 años, los clientes comenzaron a poner una cláusula en los contratos, en la cual, además de todas las garantías que nos piden, nos van descontando de cada ministalación el 5 por ciento de un fondo de garantía, el cual es injustificado, porque las garantías son las fianzas.

Estas gentes nos descuentan un 5, y hoy en día comienzan a descontar un 10 por ciento de fondo de garantía, el cual se entregará al final de la obra, sin ningún premio o interés.

Ante este panorama, los constructores deben volverse más profesionales, en el sentido de que deben buscar, antes de iniciar cualquier obra, un contrato, donde se establezcan los alcances de ésta, el costo, la forma de pago y el cierre.

La cantidad de juicios que enfrentan los contratistas hacia los clientes va en crecimiento. Desgraciadamente, los clientes se han dado cuenta de que pueden iniciar obras sin tener los recursos necesarios para hacerle frente a una obra, y la inician arriesgando el trabajo y el patrimonio de los contratistas.
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Felipe Lascurain.
delascurain_abogados@hotmail.com
Licenciado en Derecho, egresado de la Universidad Iberoamericana. A lo largo de su carrera, adquirió una amplia experiencia en la asesoría a empresas dedicadas al ramo financiero, seguros, inmobiliario y construcción, tanto en su planeación como en su parte corporativa y legal.

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